Pero, después de la mención de Fermín, ni ella ni Abril pudieron fingir que Macarena no existía.
Abril bajó la voz y le preguntó a Sabrina:
—Sabri, ¿qué hace Macarena aquí? ¿No te habrás confundido, verdad?
Aunque trató de hablar en voz baja, sus palabras llegaron hasta los oídos de Macarena.
Macarena sabía perfectamente que lo había hecho adrede.
Sabrina, sin darle mayor importancia, le replicó:
—¿Cómo crees? Si yo conozco a mi hermano como la palma de mi mano. Abi, tú dedícate a disfrutar con mi hermano, déjame el resto a mí.
Sin dar tiempo para protestas, Sabrina empujó a Abril hacia donde estaba Fermín.
—Hermano, tú también, aprovecha y pásala bien con Abi en este Día de San Valentín. Yo me encargo de llevarla de vuelta.
Dicho esto, Sabrina tomó a Macarena del brazo y comenzó a caminar con paso decidido hacia la salida del parque de diversiones.
Macarena notó que Fermín no tenía intención de detener a Sabrina.
Ya estaba acostumbrada.
Siempre, entre ella y Abril, él iba a escoger a Abril sin dudarlo.
Solo después de que dejaron de ver a Fermín y Abril, Sabrina se detuvo, soltó a Macarena con gesto de fastidio y le preguntó:
—¿Tú qué haces aquí? ¿Sabes que casi arruinas el momento de mi hermano con Abri?
Sabrina la miraba con desconfianza, convencida de que Macarena había usado alguna artimaña para aparecerse.
De todos modos, no creía ni por un segundo que su hermano la hubiera llevado voluntariamente.
Macarena, al notar esa desconfianza, le contestó:
—Fue tu hermano quien me trajo.
—Eso no puede ser —replicó Sabrina, frunciendo el ceño. Sin embargo, al ver la expresión tranquila de Macarena, empezó a dudar.
¿En serio su hermano la había traído por voluntad propia?
Después de pensarlo un momento, Sabrina buscó una explicación:
—Seguro lo hizo porque le preocupa la seguridad de Abi, pensó que algo podía fallar con los juegos y por eso te trajo a ti primero, ni te hagas ideas raras.
Al escuchar esa justificación, Macarena se rio por lo bajo, con un dejo de resignación.
Quizá era solo una suposición sin fundamento de Sabrina.
—Pues me caes mal y ya, hay personas que simplemente no nos agradan, no hace falta que hagan nada en particular —dijo Sabrina, quitándole importancia.
Al escucharla, Macarena sintió que por fin se quitaba un peso de encima.
Antes siempre pensaba que era su culpa, que debía cambiar y esforzarse más para agradarles.
Pero ahora se daba cuenta de que, hiciera lo que hiciera, el problema era el prejuicio que tenían hacia ella. Por más que intentara adaptarse, nunca sería suficiente.
Asintió y dijo:
—Entiendo.
Sin dudarlo más, levantó la mano y se fue en un carro de alquiler.
Sabrina la vio alejarse y, por alguna razón, sintió una incomodidad en el pecho.
Había dicho cosas similares antes.
¿Por qué esta vez se sentía tan extraña?
Pero en cuanto divisó a Abril y Fermín juntos, Sabrina dejó de pensar en el asunto.
Mientras pudiera ver feliz a su hermano, sentía que todo valía la pena.

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