Sin embargo, Fermín y Abril no se quedaron mucho tiempo; pronto se prepararon para regresar a casa.
Sabrina, algo intrigada, les preguntó qué había pasado.
Fermín se mantuvo en silencio.
Abril forzó una sonrisa.
—Jugamos todo el día, ya estamos cansados. Mejor regresamos temprano a descansar.
Sabrina notó que había algo raro; los dos se veían incómodos, con una tensión en el ambiente imposible de disimular.
Pero entendía que no era el momento de seguir preguntando. Esperó a que Fermín subiera al carro y, apenas tuvo oportunidad, se acercó sigilosamente a Abril.
—Abi, dime la verdad, ¿fue por Macarena?
Abril echó una mirada rápida hacia el asiento del conductor, donde Fermín revisaba su celular.
Con una sonrisa amarga, asintió.
—Lo sabía —bufó Sabrina, cruzándose de brazos—. Seguro fue ella quien les arruinó el rato.
—Déjalo así, Sabri. Al final de cuentas, sigue siendo la esposa de Fermín —susurró Abril, intentando calmarla.
Lo que no le dijo fue lo que Fermín le había confesado hace un rato: esa noche en el parque de diversiones, toda la salida, en realidad había sido pensada para Macarena.
Por más que intentara convencerse de que eso no significaba nada, no podía evitar sentirse incómoda. Antes, Fermín jamás la hubiera defendido frente a ella.
...
Macarena regresó al departamento y, al llegar, vio a Ronan esperando en la puerta.
Apenas la vio, Ronan se le acercó con paso apurado.
—Lo que mencionaste hoy sobre el problema de la segmentación sensorial, ya se me ocurrió cómo resolverlo.
Macarena no se sorprendió. Siempre había sido así: ella lanzaba una idea, afinaba la técnica, y Ronan encontraba la pieza que faltaba, completando el rompecabezas.
Lo que sí la sorprendió fue la rapidez. Ella había estado semanas dándole vueltas al asunto, y él llegó con la solución lista.
Ronan sacó su laptop, abrió el archivo y ejecutó el algoritmo que acababa de terminar.
No conforme, lo verificó tres veces para asegurarse de que no hubiese fallas.
Cuando al final los resultados coincidieron, Macarena sintió cómo la emoción le hervía en la sangre.
—¡Esto está increíble!
—¡Sí que lo logramos!
—Mándamelo, por favor. Quiero organizar los datos ya mismo.
Sin pensarlo más, Macarena rechazó la solicitud.
...
Del otro lado del celular, Abril recibió la notificación del rechazo. Sujetando su copa de vino, bebió un sorbo y dejó que una leve sonrisa se dibujara en sus labios.
Justo como lo esperaba.
Sabía que Macarena no aceptaría.
Pero eso no era lo importante...
Abril abrió su perfil.
Lo último que había publicado era una historia mostrando el regalo que Fermín le había dado.
En la cuadrícula de fotos, la que más resaltaba era la del centro: una mano masculina entrelazada con la suya, ambos luciendo anillos de diamantes idénticos.
Esa mano no era la de Fermín —había contratado a alguien para la foto—, pero como no aparecía el rostro, Macarena seguramente asumiría que era él.
Había subido esa imagen sólo a su cuenta secundaria, y eso era justo lo que quería que Macarena viera.
Sabía que, aunque Macarena tuviera mucha paciencia, ver a su esposo usando el mismo anillo que otra mujer sería difícil de soportar.
Aunque en el fondo, Abril tenía claro que nada de eso serviría para acelerar el divorcio. No le hacía sentir mejor, pero al menos, por un momento, logró imaginar la incomodidad de Macarena.

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