Macarena, medio dormida, tomó el celular y vio la hora: ya eran las cuatro de la mañana.
Sabrina casi nunca la llamaba a esa hora.
Preocupada de que fuese algo urgente, contestó de inmediato.
Apenas respondió, escuchó la voz de Sabrina, débil y con un llanto contenido:
—Macarena, ¿qué hago? ¿Qué voy a hacer?
Macarena notó al instante que algo no estaba bien y el sueño se le esfumó por completo.
—¿Qué te pasa? —preguntó, intentando no sonar alarmada.
—Yo... —Sabrina dudó, su voz temblaba—. No sé, siento el cuerpo ardiendo, me duele todo, no aguanto... tengo ganas de...
Se mordió los labios, luchando entre la vergüenza y el poco juicio que le quedaba. No podía decir lo siguiente.
Al principio, Macarena tampoco entendía nada de lo que Sabrina intentaba decirle. Pero al escuchar su respiración entrecortada, como si estuviera aguantando algo con todas sus fuerzas, una idea empezó a tomar forma en su cabeza.
No hacía mucho, ella misma había pasado por algo similar: la habían drogado y los síntomas eran casi idénticos.
¿Le habrán dado algo a Sabrina también?
Antes de dejarse llevar por esa idea, Macarena la desechó casi de inmediato.
No podía ser. Sabrina era la consentida de la familia Gómez, Florencia y los suyos la cuidaban demasiado bien. Nadie se atrevería a hacerle algo así.
No entendía los detalles, pero tenía claro que la situación era urgente.
Estaba a punto de ponerse de pie cuando una idea la detuvo. Habló con tono indiferente:
—¿No que me odias? Mejor llama a tu Abi.
No era la primera vez que Sabrina le jugaba una broma pesada. Una vez, la hizo ir corriendo a su casa solo para burlarse de ella frente a sus amigas, diciendo que Macarena era tan obediente que iba a donde la llamaran.
Por eso, Macarena no podía evitar sospechar que todo era otro de esos juegos crueles.
Pero Sabrina rompió a llorar aún más fuerte. Tal vez por tanto llorar, la voz se le escuchaba ronca:
—Intenté marcarle a Abi, pero no contesta ningún número.
En realidad, pensó en llamar a Florencia o a Nelson. Pero… ¿cómo iba a explicarles algo así? Después de mucho pensarlo, solo se atrevió a llamar a Macarena.
—Macarena, por favor, te lo suplico, ayúdame, de verdad no aguanto más.

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