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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 144

Después de que Piero llegó al laboratorio, realizó varias pruebas más a los robots de muestra. Confirmó que, en efecto, todo funcionaba correctamente. No solo las funciones respondían bien, sino que la colaboración entre los robots se sentía incluso más fluida que antes.

Luego le echó un vistazo al plan que Macarena le había entregado y notó que algunos parámetros habían sido ajustados con pequeños cambios según las nuevas funciones.

Ronan nunca había sido bueno en ese aspecto, así que seguro fue Macarena quien lo detectó y corrigió.

Ese detalle, la verdad, sí le causó una sorpresa agradable.

Claro, el desarrollo de la nueva función había dejado algunos pequeños defectos, pero considerando que solo habían tenido veinte días, el resultado era más que satisfactorio.

Piero, sin mostrar emoción, mencionó algunos parámetros que podrían mejorarse y luego se dirigió a Macarena:

—Prepara todo. En la presentación de la próxima semana, tú serás quien suba al escenario a presentar el nuevo producto.

Dicho esto, Piero no agregó nada más y salió del laboratorio.

Apenas se fue, sus compañeros estallaron en gritos de alegría.

—Con lo que dijo Piero, eso significa que el producto ya quedó aprobado.

—Macarena, ya puedes quedarte en la empresa.

—¡Qué emoción! Solo veinte días, Macarena. La verdad, antes dudaba de ti, pero eres increíble.

—…

Macarena les agradeció con una sonrisa:

—Esto es el resultado del esfuerzo de todos.

Sus palabras dejaron a los demás un poco incómodos.

En realidad, nadie había apostado por Macarena. Una vez que se definieron la idea y el plan, la mayoría cooperó de mala gana, limitándose a tareas simples y rutinarias.

Casi siempre, era ella quien se quedaba en el laboratorio hasta tarde.

Incluso, algunos la habían criticado a sus espaldas, pensando que solo estaba aparentando trabajar.

Nadie imaginó que, al final, sí lograría sacar el proyecto adelante.

Y en tan poco tiempo.

Teresa era la que más incrédula se sentía. Mientras otros fingían cooperar, ella ni siquiera eso: solía dejar sus tareas botadas, convencida de que Macarena no lograría quedarse en la empresa.

Pero enseguida recapacitó: con las habilidades de Fermín, aunque pusiera cien cerraduras, si él quería entrar, lo haría sin problema.

Lo que no lograba entender era qué buscaba esta vez.

—¿Apenas llegas? —sin dejar que ella dijera nada, Fermín levantó la vista y la recorrió con la mirada de arriba abajo.

Ese día, Macarena llevaba un elegante traje blanco. Su rostro, normalmente sencillo, resaltaba con un maquillaje ligero que le daba un aire especial.

¿Había salido así de arreglada a una cita con Ronan?

Si no, ¿por qué llegaba tan tarde?

Macarena notó el doble sentido en la pregunta, pero no le dio importancia y contestó con voz neutral:

—¿Querías algo?

Al verla sin intención de explicar, Fermín asumió que su sospecha era correcta.

Sintió cómo la rabia empezaba a crecerle dentro, y apretó el libro entre sus dedos con más fuerza.

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