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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 16

La noche estaba tan tranquila que el sonido del celular rompió el silencio como un trueno. Sin abrir los ojos, Macarena tanteó el buró hasta dar con su teléfono.

Cuando por fin cayó en cuenta de que era una llamada de Fermín, ya era demasiado tarde.

La llamada ya estaba contestada.

Macarena soltó un suspiro resignado ante su propio reflejo automático.

Durante todos estos años en la familia Gómez, Florencia había dejado bien claro que si ella no respondía el teléfono, era capaz de ir a buscarla a su casa solo para “platicar”. Así, Macarena se acostumbró a estar disponible las veinticuatro horas del día.

Además, a veces Fermín se iba al extranjero para cuidar de Abril y la llamaba a horas absurdas.

Casi siempre era para preguntarle tonterías: que cómo aliviar el dolor de panza durante el periodo, qué marca de toallas femeninas era mejor, o cómo preparar una sopa más sabrosa, o si los huevos se echaban primero que los jitomates para el jitomate con huevo...

Más de una vez, en plena madrugada, Fermín la sacaba de su sueño solo para escuchar sus consejos sobre cómo atender a otra mujer.

Al principio, Macarena apenas lograba entender lo que estaba pasando, con la mente todavía nublada de sueño.

Pero con el tiempo, se acostumbró.

Y fue justo así como comprendió la diferencia entre ella y Abril en el corazón de Fermín.

Medio dormida, Macarena miró la pantalla del teléfono ya conectado. Intuía que la llamada también tenía que ver con Abril.

De todas formas, ya no tenía sentido arrepentirse. Se acomodó el celular al oído y preguntó, como si fuera lo más normal:

—¿Qué pasó? ¿Hay algún problema?

Fermín, viendo que la llamada fue contestada tan rápido, frunció el ceño.

Esa velocidad... Parecía que ella estuviera pegada al teléfono, esperando su llamada.

Fermín soltó una risa despectiva y soltó la orden, sin rodeos:

—Enciende todas las luces de la casa y baja a abrir la puerta.

Macarena, todavía perdida entre sueños, no entendía a qué se refería.

—Ya me dormí —aclaró, con voz apagada—. La contraseña de la puerta sigue igual, las luces tampoco se han cambiado de lugar.

Miró la hora. Eran las tres de la madrugada.

Lo que Fermín le pedía era ridículamente sencillo. Él mismo podría hacerlo sin problemas, pero prefería mover cielo y tierra para que ella lo hiciera.

Capítulo 16 1

Capítulo 16 2

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