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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 174

La conferencia de prensa organizada por UME estaba programada para la mañana.

Cuando Macarena llegó al lugar, el hotel de cinco estrellas ya estaba repleto de gente.

Dentro del salón, el bullicio era constante; todos platicaban sobre el evento, y los reporteros acomodaban sus cámaras y probaban el sonido.

Al ver tanta gente reunida, a Macarena le fue imposible evitar sentir los nervios. El corazón le latía rápido, y la cabeza comenzó a dolerle poco a poco.

La última vez que había sentido tantas miradas sobre ella, fue en el funeral de su madre. Aquella vez, la gente la miraba de reojo, simulaban consolarla, pero detrás cuchicheaban, lanzando comentarios venenosos.

—Pues sí que le fue bien, ¿no? Con la muerte de su mamá, logró que la familia Molina resucitara y encima se va a casar con los Gómez. De aquí en adelante, ya nunca le va a faltar nada.

En ese entonces, Macarena era joven y orgullosa. No pudo contenerse y fue directo hacia la mujer que hablaba, encarándola con rabia:

—Si tanta suerte quieres, ¿por qué no te la quedas tú? Manda a tu hija a morir, cásate con otro hombre y vive feliz, ¿cómo ves?

Macarena conocía bien a esa mujer; nunca se había llevado bien con su madre, aunque solía presumir frente a ella lo mucho que valía su hija.

Cuando la mujer escuchó a Macarena decirle eso a su propia hija, explotó:

—¿Qué te pasa, niña? ¿Cómo te atreves a hablar así? Yo soy mayor que tú, respétame. Además, ¿acaso dije mentira? Díganme, ¿la familia Molina y los Gómez no están aliándose? ¿No fue tu mamá la que, antes de morir, presionó para que se diera ese matrimonio?

Las palabras de la mujer la dejaron sin argumentos. Por más que le doliera reconocerlo, lo que decía era cierto.

Al verla callada, la mujer se permitió una mueca de triunfo.

—Fermín es el futuro heredero de la familia Gómez. Hay tantas chicas ricas que darían lo que fuera por casarse con él, y tu mamá te consiguió ese lugar. Mejor agradece y deja de hacerte la víctima.

Quizá para ganar autoridad, la mujer alzó la mano y, como si estuviera regañando a una niña, le dio un par de golpecitos en la frente.

Aquello sacó de quicio a Macarena. Rápida, le agarró la mano y le mordió el brazo con fuerza.

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