Noé frunció el ceño, molesto.
Claramente había confundido a Macarena con la secretaria de Ronan y pensó que ella había entrado para ayudarlo a escapar de la situación, así que no pudo evitar reprenderla:
—Estamos hablando de negocios serios, ¿quién te dio vela en este entierro?
—Ronan, ¿tu gente siempre es tan maleducada?
Al ver llegar a Macarena, Piero sintió cierto alivio.
Ronan había regresado al país en gran parte por ella, y ahora que él estaba en problemas, Macarena se atrevía a dar la cara y hablar por él. Eso era algo que Piero apreciaba.
Aunque la excusa era bastante mala; después de todo, él no creía que Macarena realmente pudiera conseguir un contrato millonario.
Piero soltó una risa fría y le contestó a Noé:
—¿Maleducada? Pues mira quién habla de modales. Comparados con ciertos personajes, mi gente es el colmo de la etiqueta.
Noé se quedó mudo ante el sarcasmo, con el coraje atorado en la garganta.
Pero conocía el temperamento de Piero y no quiso rebajarse a discutir con él, así que se volvió hacia Ronan.
Ronan dijo con tono serio:
—Ella no es mi empleada. Es una de las fundadoras de UME y en el futuro será accionista de la empresa.
Noé abrió los ojos con sorpresa.
Hasta ese momento no había mirado bien a Macarena.
La observó de arriba abajo, pero no vio nada especial en ella. De pronto recordó los rumores que había escuchado hacía un tiempo: decían que Ronan había trasladado UME al país contra viento y marea solo para perseguir un amor.
Él conocía a Ronan y siempre había pensado que, con su racionalidad, jamás llegaría a tales extremos por una mujer.
Pero al escucharlo hablar así, empezó a dar crédito a esos chismes.
El amor realmente volvía loca a la gente.
Ronan se puso de pie, se alisó el traje impecable e hizo un gesto invitando a Noé y a los suyos a salir de la oficina.
—Tengo asuntos que atender, así que no los retendré más tiempo.
Visto lo visto, Noé no insistió más.
Piero asumió que solo lo decía para consolarlos y darles ánimos, así que no comentó nada más.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Ronan, mirándola con preocupación—. Deberías estar en el hospital.
La noche anterior se había encontrado con Dante Oliva y casi pierde la vida, por lo que él le había dado el día libre.
Incluso si ella estaba bien, la situación de Benicio Oliva era crítica. Él había resultado herido por protegerla y, siendo ella su novia, debería estar a su lado.
A Ronan le preocupaba que los Oliva se molestaran si la veían en la empresa.
Macarena estaba a punto de contarle sobre la llamada que recibió, cuando la recepcionista entró apresurada.
—Señor Torres, hay unos empresarios extranjeros afuera. Dicen que buscan a Macarena.
***
Noé salió del edificio con su equipo, quienes se quejaban con desánimo.
—Ya habíamos dicho que volveríamos en un mes. ¿Ahora qué hacemos? ¿Irnos con la cola entre las patas como perros apaleados?

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