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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 514

Paula le acarició el cabello a Macarena con profunda ternura.

—La verdad es que tu madre quiso que te unieras a nosotros no solo porque temía que tu padre, Gerardo Molina, se volviera a casar y te hicieran a un lado, sino también porque su mayor deseo era verte casada con el hombre que amabas.

Al mencionar a su madre, un nudo doloroso se instaló en la garganta de Macarena.

Siempre sospechó que el hecho de que su madre hubiera arreglado su matrimonio tan pronto tenía que ver con Gerardo.

Pero siempre había creído que, como su madre le había hecho un favor a la familia Gómez, si ella se casaba con Fermín, ellos la tratarían bien en agradecimiento, sin importar si él la amaba o no.

Lo que nunca imaginó fue que su madre siempre supo de sus sentimientos por Fermín.

Entonces, pensó: *Si yo no me hubiera enamorado de él... ¿se habría evitado todo este dolor?*

Como si leyera sus pensamientos, Paula continuó:

—No te culpes, mi niña. Incluso si tú no existieras, lo de Fermín y Abril no habría llegado muy lejos.

—Abril venía de un mundo muy distinto y simplemente no encajaba con Fermín. Sin ti de por medio, tarde o temprano iban a terminar por sus diferencias.

—Además, cuando terminaron, tu madre y yo le dimos a Abril una buena compensación económica.

—¿Una compensación? —Macarena quedó paralizada.

Afuera de la habitación, Fermín también se congeló.

Abril jamás le había mencionado ni una sola palabra sobre dinero.

Paula asintió con un suspiro:

—Como te dije, ella no era para Fermín, y Florencia jamás habría permitido que entrara a la familia. Así que tu madre y yo la buscamos en privado e hicimos un trato con ella.

—Le conseguimos contactos en universidades en el extranjero y le dimos dinero más que suficiente para que fuera a estudiar. A cambio, ella terminó con Fermín y renunció a la idea de formar parte de los Gómez.

—¿Y ella aceptó sin más? —preguntó Macarena, incrédula.

Paula asintió lentamente.

—Pude ver que era una muchacha muy orgullosa. Aunque no se lo dijéramos, ella sabía perfectamente el abismo que la separaba de Fermín.

Antes, su esperanza era apagar los incendios antes de que crecieran. Sabía perfectamente que Macarena la pasaba mal en la familia, pero mientras su nieta política quisiera seguir allí, Paula no podía permitirse hacer un escándalo.

Lo único que podía hacer era mediar cuando la maltrataban y usar su peso como matriarca para escudarla un poco de los golpes.

Cuando finalmente se divorció de Fermín, Paula deseó de todo corazón que Macarena cortara lazos con los Gómez sin mirar atrás, para que pudiera volar libre y llegar muy lejos.

Pero tal vez haber estado al borde de la muerte le cambió la perspectiva, o quizá los incidentes de ese día la hicieron despertar.

Se dio cuenta de que no podían seguir callando.

Había verdades que debían gritarse a los cuatro vientos.

De lo contrario, los inocentes seguirían pagando los platos rotos injustamente.

—Fermín, ¿qué haces parado aquí afuera?

La repentina voz de Sabrina rompió el silencio desde el pasillo.

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