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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 467

Benicio ya se imaginaba que Fermín iría a buscarlo, así que no le sorprendió.

Levantó la vista y lo miró con calma.

Fermín entró, cerró la puerta y se recargó en la pared con un aire de superioridad.

—Estás muy malherido, ¿por qué no se quedó ella aquí para cuidarte? —preguntó Fermín—. ¿A dónde fue?

La había visto irse con su bolso, señal de que salía del hospital y no planeaba volver pronto.

Recordaba que, cuando él se enfermaba, Macarena se ponía muy nerviosa y no se apartaba de su lado ni un instante. Al pensar en eso, Fermín sintió una extraña satisfacción.

Había visto cuánto lo amaba a él, así que dedujo que quizá no amaba tanto a Benicio.

O tal vez había algo que él ignoraba.

Benicio adivinó sus pensamientos. Esa pregunta sobre el paradero de Macarena era, en realidad, un pretexto para tantear el terreno sobre su relación con ella.

Era evidente que Fermín no se daba por vencido.

Benicio sonrió.

—Macarena parece frágil, pero tiene un carácter muy fuerte. Cuando se propone algo, lo cumple; y cuando quiere a alguien, no se rinde fácilmente.

—Pero si decide rendirse, significa una sola cosa.

—Que ya no hay vuelta atrás.

—Así que te sugiero que dejes de perder el tiempo y valores a quien tienes contigo ahora.

—De lo contrario, es muy probable que te quedes sin ninguna de las dos.

Al escuchar de boca de Benicio que no tenía ninguna oportunidad con Macarena, el rostro de Fermín se ensombreció.

Apretó la mandíbula y, tras un momento, soltó una risa fría:

—No hables con tanta seguridad. Macarena y yo estuvimos casados cinco años y casi tuvimos un hijo; es obvio que todavía siente algo por mí.

—Por cierto, tal vez no lo sepas, pero antes, cuando yo me enfermaba, ella se desvivía cuidándome.

—No como ahora, que te dejó aquí tirado y se fue.

Benicio sabía que lo estaba provocando a propósito.

Claro que sentía celos al saber que Macarena había sido tan atenta con otro hombre, mientras que ahora su mente estaba ocupada en hacer dinero y planear su futuro; se sentía un poco relegado.

Sin embargo, entendía que precisamente por haber sido lastimada, ahora volcaba toda su energía en su carrera para no volver a cometer los mismos errores.

Cuando Macarena llegó a UME, la oficina era un caos.

Al parecer, Piero ya había hablado con Teresa, quien salió corriendo de la empresa con los ojos hinchados y rojos. Al cruzarse con Macarena, le lanzó una mirada llena de odio.

Macarena ignoraba qué le había dicho Piero, pero la actitud de Teresa no le extrañó en lo absoluto.

Rápidamente dejó ese asunto de lado, pero al entrar al área de trabajo, notó que el ambiente estaba muy tenso. Todos tenían mala cara.

—¿Qué pasa? —preguntó Macarena, desconcertada.

¿Sería por lo de Teresa? No creía que fuera para tanto.

Además, suponía que Piero manejaría el asunto con discreción, no haciendo un escándalo.

Antes de que alguien pudiera responderle, escuchó una discusión proveniente de la sala de juntas.

—¡¿Cómo pueden hacer esto?! ¡No abusen!

Era la voz de Piero, quien sonaba furioso. Estaba realmente enojado.

En ese momento, alguien se acercó a explicarle a Macarena:

—Vino gente del extranjero… quieren destituir al señor Torres como presidente de UME.

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