Entrar Via

A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 472

El contrato tenía todos los sellos necesarios; claramente Ronan lo había preparado con antelación.

Desde que Macarena decidió regresar a UME, Ronan había redactado este documento.

Para él, UME siempre había tenido una parte que le pertenecía a ella.

Cuando ella lo necesitara, este lugar sería su respaldo.

Sin embargo, apenas llegó a UME, Macarena se convirtió en blanco de críticas. Incluso Piero tenía muchas reservas sobre ella. Ronan, naturalmente, creía que ella merecía las acciones, pero sabía que los demás probablemente no pensaban lo mismo.

Quizás ni siquiera ella misma lo creía.

Por eso Ronan había estado esperando una oportunidad.

Ahora, esa oportunidad había llegado.

Macarena levantó la vista.

Frente a ella, la mirada de Ronan era firme y seria.

Ella pudo leer sus pensamientos a través de sus ojos.

Ronan siempre estaba enfocado en la tecnología y la técnica; en cuestiones emocionales solía ser bastante despistado. Muchas veces, Macarena pensaba que era un hombre demasiado directo, incapaz de captar sutilezas.

Pero, curiosamente, en ciertos momentos demostraba una delicadeza emocional que la sorprendía.

Macarena sonrió y tomó el contrato.

Quizás hubo un factor de suerte con este pedido, pero era innegable que había resuelto una urgencia vital para UME, así que no sintió que fuera inapropiado aceptarlo.

Además, desde los inicios de UME, negociar la distribución de beneficios era una vieja tradición entre ellos. No se sintió incómoda ni apenada.

Después de todo, la amistad es la amistad y los negocios son los negocios.

Macarena firmó con decisión y le devolvió una de las copias:

—Gracias. Leita tenía razón cuando me lo dijo: realmente eres un buen socio.

Ronan hizo una pausa y no respondió a ese comentario.

—Le pedí al departamento financiero que recalculara la inversión del señor Oliva de este periodo y hemos reajustado el porcentaje de dividendos... —dijo Ronan mientras sacaba otro contrato.

Macarena se sobresaltó.

Esa inversión era dinero que ella había conseguido de Fermín Gómez, no de Benicio.

Había hombres y mujeres.

Había sirvientes y también miembros de la familia Oliva.

A muchos los habían sacado de la cama, aún vestían pijamas delgados y temblaban de frío en la gélida noche de otoño.

Cada cinco metros había un guardaespaldas manteniendo el orden.

Los guardias tenían rostros severos y miradas feroces; muchos que pensaron en escabullirse desistieron al verlos.

A excepción de los ancianos, David Torres y Julieta Torres, que se habían subido a su habitación a hacer corajes, todos los que estaban en la finca se encontraban ahí.

—Señor, ¿entonces los revisamos uno por uno? —preguntó Mohamed con cautela.

Dante levantó apenas los párpados:

—Sí.

Mohamed suspiró para sus adentros y le hizo una seña a la primera fila, indicándoles que avanzaran.

La gente comenzó a pasar frente a él, uno tras otro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste