Fermín abrió el mensaje y vio que Macarena le había escrito de manera directa.
[Estoy en la casa vieja.]
Fermín frunció el ceño.
—¿No habíamos quedado en que yo pasaba por ti?
[Llegaste tarde.]
Fermín miró la hora en su celular.
—Solo me retrasé una hora.
Preocupado porque en la fiesta de cumpleaños de su abuela ocurriera algo inesperado, había contratado a más personal para reforzar la seguridad, y organizar todo eso le tomó más tiempo del planeado.
Hoy celebraban el cumpleaños de su abuelita y Fermín pensaba que Macarena lo entendería.
Mientras tanto, Macarena esperaba en el recibidor de la casa vieja a que Paula saliera. Cuando leyó la respuesta de Fermín, no se sorprendió en absoluto.
Solo era una hora.
Para Fermín, una hora sí que podía calificarse como “solo”.
Cada vez que él quedaba con ella, siempre llegaba tarde. Si estaba de buen humor, se retrasaba dos o tres horas; si no, podía hacerla esperar toda la noche.
Así que, una hora, para él, no era nada.
Antes, a Macarena tampoco le importaba. Pero esta vez, justo ahora, no tenía ganas de esperar.
Como no contestó, Fermín volvió a mandarle un mensaje, esta vez solo con un signo de interrogación.
Macarena le respondió con calma.
[Una hora también es tiempo, y ese tiempo yo también lo tengo ocupado.]
[Nadie se va a quedar siempre esperando por ti.]
Cuando Fermín leyó lo que escribió Macarena, no pudo evitar soltar una risa cargada de incredulidad y molestia.
Pensó que Macarena se estaba tomando las cosas demasiado en serio.
Sus palabras tenían un filo que antes no conocía en ella.
Ya habían tenido malentendidos antes, pero Macarena jamás le había contestado con ese tono.
Parecía que la presentación de UME le había dado más seguridad.
Después de todo, llevaban cinco años de casados, y Fermín conocía bien a Macarena.
Se había graduado de una universidad normal, sin maestría ni doctorado. Más allá de ser la hija de la familia Molina, no tenía nada destacable, era bastante ordinaria.
Seguro que lo de inventar el robot no había sido cosa suya, pensó Fermín. Lo más probable es que Ronan le hubiera ayudado a colgarse esa medalla.
Con eso en mente, Fermín no le dio demasiada importancia y escribió:
El hecho de que Macarena trabajara en UME, en cierto sentido, era como ponerse en contra de Paula.
Como si leyera sus pensamientos, Paula le apretó la mano y sonrió.
—Ya no me queda mucho tiempo. El mundo que viene es para ustedes, los jóvenes. Así que hagan lo que tengan que hacer, sin miedo.
Macarena presionó los labios y no respondió.
Paula no soltó su mano.
—Qué lástima que la abuela ya está vieja, y no le quedan muchos días. Hay cosas que ya no podré ver.
A Macarena se le apretó el pecho.
De inmediato, tomó la mano de Paula con fuerza y, mientras tocaba la barandilla de madera de la escalera junto a ellas, repitió tres veces:
—¡Abuela, no diga esas cosas! Toque madera, usted va a vivir muchos años más.
—Hoy es su cumpleaños, así que tiene que decir cosas alegres y pensar en positivo.
Macarena no era supersticiosa, pero sí deseaba con todo su corazón que esa mujer que la había cuidado y tratado con tanto cariño en la familia Gómez siguiera sana.
Paula miró a Macarena, notando su nerviosismo, y sus ojos viejos brillaron con ternura y tristeza a la vez.
—Macarena, si de verdad quieres hacerme feliz, ¿puedes prometerme una cosa?
—Esta noche, pase lo que pase y diga lo que diga, prométeme que me vas a hacer caso.

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