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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 200

Sabrina no pudo evitar sorprenderse cuando Fermín la llamó de manera tan seria a la sala de descanso.

Al entrar, notó que el semblante de Fermín estaba endurecido, casi pétreo, y que Abril también lucía bastante afectada.

El corazón de Sabrina dio un brinco.

Hacía años que no sentía algo así.

Recordó que antes, cuando Fermín y Abril aún estaban juntos, habían tenido sus peleas, no muchas, pero cada vez que discutían el ambiente se volvía tan denso y asfixiante como ahora.

¿Qué estaba pasando?

¿Habían vuelto a pelear?

No tenía sentido.

Últimamente, Abril y su hermano parecían llevarse bien, incluso se veía que disfrutaban la compañía mutua.

De pronto, Sabrina entendió el motivo.

Macarena.

Seguro era por ella.

Aunque, no alcanzaba a imaginar para qué la habían hecho venir.

Antes de que pudiera pensar más, Fermín le preguntó directamente por el asunto de cuando le pusieron algo en la bebida.

Sabrina no esperaba que Fermín quisiera hablar precisamente de eso.

Confundida, miró a Abril, sin entender por qué le había contado a Fermín algo tan íntimo.

Después de todo, era un tema vergonzoso y delicado.

Hasta Florencia Gómez, preocupada por cómo se sentiría Sabrina, había preferido no contárselo ni siquiera a su propio padre, Nelson Gómez.

Al notar su mirada, Abril se acercó, le tomó la mano y, con expresión de remordimiento, le dijo:

—Sabri, discúlpame. Me enojé tanto por lo que pasó que no pude fingir que nada sucedió, así que hice una tontería.

Luego, Abril le resumió lo que acababa de pasar: cómo había empujado a Macarena hacia los arbustos junto al lago.

Al oír esto, Sabrina por fin comprendió el motivo de la tensión.

Saber que Abril lo había hecho por ella la conmovió profundamente.

—Abi, no tenías por qué hacer todo esto por mí —susurró—. Al contrario, así solo logras que Macarena salga ganando con sus intrigas.

Después de todo, su hermano seguía bajo el hechizo de Macarena.

Ni siquiera sabía qué sentía él exactamente por ella.

—¿Estás segura de que fue Macarena? —preguntó Fermín en ese momento.

Sabrina le lanzó una mirada de fastidio.

—Hermano, a veces pienso que Macarena ya te lavó el cerebro. ¿Ahora dudas hasta de tu propia hermana? ¿Crees que inventaría algo así para culparla?

Fermín sabía que, por mucho que Sabrina detestara a Macarena, nunca la acusaría de algo tan grave sin motivos.

Aun así, no podía entenderlo.

—¿Y por qué haría algo así? —insistió Fermín.

—¿Por qué más podría ser? —replicó Sabrina con desdén—. Para chantajear a la familia Gómez y evitar que la echen. ¿No fue algo parecido a lo que hizo su mamá para conseguir lo que quería?

Aunque, claro, también podía tratarse de pura venganza.

Ella misma reconocía que nunca había tratado bien a Macarena y hasta solía meterle cizaña a Fermín para que se divorciara de ella.

Y si esa vez la ayudó en vez de dejarla hundirse, seguramente fue porque Sabrina la llamó justo a tiempo, y Macarena temió que la familia Gómez la descubriera, así que cambió de idea sobre la marcha.

Después de todo, si algo le hubiera pasado en serio, la familia no se lo habría perdonado.

Por un momento, Sabrina casi había cambiado su opinión sobre Macarena después de aquello.

Al pensar en todo esto, no quiso dejar que Fermín siguiera engañándose.

Sabrina solo pudo guardar silencio ante eso.

Los ojos de Abril se llenaron de lágrimas.

—Fermín, tú sabes que eso no es lo que quiero —dijo con voz temblorosa.

Fermín apretó los labios.

—Lo siento. Pero lo que tú quieres, ahora mismo no puedo dártelo.

Fuera odio o resentimiento, en el fondo lo sabía desde que recibió los papeles de divorcio: no podía separarse de Macarena.

Tampoco soportaría verla con otro hombre.

Recordaba perfectamente cómo se sintió al ponerle el anillo de compromiso a Macarena: como si algo dentro de él se rompiera.

Abril, al notar la firmeza en su voz y en su mirada, sintió que todo le daba vueltas.

Durante todo este tiempo, había preferido engañarse, creyendo que Fermín no dejaba ir a Macarena solo por los años juntos y el cariño familiar.

Pero ahora lo entendía.

No era por eso.

Era amor.

Fermín estaba enamorado de Macarena.

Al ver los ojos enrojecidos de Abril, Fermín se ablandó un poco.

—Dime qué quieres. Haré lo posible por compensarte.

Abril soltó una risa amarga.

Tras unos segundos de silencio, levantó la cabeza y declaró:

—Entonces quiero que me acompañes como tu pareja al cumpleaños de la abuela. ¿Eso sí puedes dármelo?

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