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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 219

—¿Qué pasó? ¿Por qué andas tan ida?

Ronan solo había alcanzado a ver su figura de espaldas, pero al verla de frente notó el verdadero golpe que se había dado al caer.

La barbilla de Macarena tenía sangre.

También tenía raspones en las palmas de las manos y en las rodillas.

Pero ni en ese momento gritó de dolor ni ahora parecía importarle.

—Estoy bien —la voz de Macarena temblaba.

No sabía por qué, pero al ver a Ronan, toda la angustia, el miedo y la confusión que la abrumaban antes se hicieron presentes de golpe, como una ola que la revolcó.

Sintió un nudo en la garganta y, sin poder evitarlo, las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas.

Al sentir el calor resbalando por su cara, intentó limpiarse con disimulo.

Ronan sacó un paquete de pañuelos del bolsillo y se los ofreció.

Macarena los tomó, pero las lágrimas seguían cayendo sin parar, como si alguien hubiera abierto una llave. El cuerpo le temblaba y no lograba controlarse.

Ronan guardó silencio, dándole su espacio para desahogarse.

Era obvio que algo le pasaba.

¿Sería por la familia Gómez?

No parecía.

Apenas había dejado a Sabrina, quien esa misma tarde le había prometido no volver a meterse con Macarena.

Nelson y Florencia tenían sus quejas sobre las acciones, pero la decisión la había tomado la abuela, y como mayores que eran, no se arriesgarían a buscarla y armar un lío solo por eso.

¿Era por Fermín?

Tampoco sonaba lógico.

Aunque no conocía a Fermín tan a fondo, sabía que el tipo era de los que explotan en el momento, no de los que guardan rencores para después.

Ronan echó un vistazo hacia el mismo camino por donde Macarena había llegado y notó una caseta telefónica no muy lejos.

—Leita podría estar en problemas —dijo Macarena de repente, deteniendo el llanto, con la voz áspera de tanto contenerse.

A Ronan el cuerpo se le puso tenso de inmediato.

—¿Cómo lo sabes?

Lea se había marchado de Rivella porque odiaba a los Torres, a los Oliva, y a todo el pueblo. Por eso había decidido huir.

Dante era un obsesivo. Nunca dejó de buscarla, ni siquiera con el paso de los años.

Si la familia Torres veía una oportunidad de aliarse con los Oliva, tampoco dejarían que Lea escapara de su destino de casarse con Dante.

Incluso si Lea regresaba, solo sería para repetir la pesadilla de antes.

—Mañana voy a ir al último lugar donde se vio a Lea. Si está bien, me reconocerá y no se esconderá. Si le pasó algo… —la voz de Ronan se quebró por un segundo—. Haré todo lo posible para traerla de vuelta y cumplir su último deseo.

—Voy contigo —dijo Macarena.

—No, tú quédate aquí —replicó Ronan, serio—. UME sigue necesitando de ti. Además, mientras sigas en Rivella, Dante no se atreverá a hacerte nada.

Él solo podía ir a buscar a Lea en secreto, y con poca gente. Si Dante aparecía, no tenía la certeza de poder proteger a Macarena.

Después de todo, Dante odiaba a Macarena con todo su ser, por haber ayudado a Lea a escapar.

Alejarse de Rivella era peligroso. Dante, ese loco, podía hacer cualquier cosa fuera de los límites del pueblo.

Ronan la miró a los ojos y habló con solemnidad:

—Macarena, Leita ya está en riesgo. No quiero que tú también termines envuelta en este peligro.

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