—¿Qué pasó? ¿Por qué andas tan ida?
Ronan solo había alcanzado a ver su figura de espaldas, pero al verla de frente notó el verdadero golpe que se había dado al caer.
La barbilla de Macarena tenía sangre.
También tenía raspones en las palmas de las manos y en las rodillas.
Pero ni en ese momento gritó de dolor ni ahora parecía importarle.
—Estoy bien —la voz de Macarena temblaba.
No sabía por qué, pero al ver a Ronan, toda la angustia, el miedo y la confusión que la abrumaban antes se hicieron presentes de golpe, como una ola que la revolcó.
Sintió un nudo en la garganta y, sin poder evitarlo, las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas.
Al sentir el calor resbalando por su cara, intentó limpiarse con disimulo.
Ronan sacó un paquete de pañuelos del bolsillo y se los ofreció.
Macarena los tomó, pero las lágrimas seguían cayendo sin parar, como si alguien hubiera abierto una llave. El cuerpo le temblaba y no lograba controlarse.
Ronan guardó silencio, dándole su espacio para desahogarse.
Era obvio que algo le pasaba.
¿Sería por la familia Gómez?
No parecía.
Apenas había dejado a Sabrina, quien esa misma tarde le había prometido no volver a meterse con Macarena.
Nelson y Florencia tenían sus quejas sobre las acciones, pero la decisión la había tomado la abuela, y como mayores que eran, no se arriesgarían a buscarla y armar un lío solo por eso.
¿Era por Fermín?
Tampoco sonaba lógico.
Aunque no conocía a Fermín tan a fondo, sabía que el tipo era de los que explotan en el momento, no de los que guardan rencores para después.
Ronan echó un vistazo hacia el mismo camino por donde Macarena había llegado y notó una caseta telefónica no muy lejos.
—Leita podría estar en problemas —dijo Macarena de repente, deteniendo el llanto, con la voz áspera de tanto contenerse.
A Ronan el cuerpo se le puso tenso de inmediato.
—¿Cómo lo sabes?

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