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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 239

Si en verdad intentaban sacar fondos de otros proyectos, entonces la familia Molina estaría completamente acabada.

Sin embargo, la experiencia de tantos años en el mundo de los negocios le permitió mantenerse en pie, aunque por dentro sentía que las piernas le temblaban. Esbozó una sonrisa forzada y se dirigió a Fermín:

—Señor Gómez, al final de cuentas, seguimos siendo familia política…

—¿Familia política?

Fermín lo interrumpió, soltando una carcajada despectiva:

—Hasta donde yo recuerdo, Macarena hace tiempo que cortó toda relación con la familia Molina. ¿Qué clase de familia política somos entonces?

—Además, no he visto jamás a un suegro que le entregue a la esposa de su yerno a otro hombre.

Mientras decía esto, Fermín volteó la mirada hacia Marco, que justo en ese instante intentaba escabullirse discretamente del lugar.

Marco esperaba pasar desapercibido, ansiando irse antes de que alguien notara su ausencia.

Pero con una sola frase de Fermín, todas las miradas se clavaron en él.

Marco sintió que las piernas le fallaban y, presa del pánico, salió corriendo sin mirar atrás.

La última vez que se atrevió a ponerle un dedo encima a Macarena, todavía sentía los golpes en el cuerpo. Ni loco pensaba quedarse otra vez a tentar su suerte.

Nadie se molestó en perseguirlo.

Sin embargo, Fermín no perdió de vista la dirección en la que Marco había escapado y le lanzó una mirada a Ernesto.

Ernesto, que llevaba años como su asistente, entendió de inmediato lo que Fermín quería decirle.

Con una empresa tan pequeña como la de Marco, si el Grupo Gómez decidía actuar, no llegaría vivo al día siguiente.

Al mismo tiempo, Benicio, como movido por un impulso, sacó su celular y envió un mensaje corto.

Macarena, que estaba a su lado, notó de inmediato el cambio de ambiente que lo envolvía.

Aunque Benicio seguía manteniendo esa elegancia y calidez de siempre, ella podía sentir que estaba molesto.

Y todo parecía estar relacionado con Marco.

—No te preocupes por lo que diga esa clase de gente.

—Además, me gustas mucho, justo así como eres.

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