Esta vez, la respuesta tardó casi tres minutos en llegar.
[Mañana a las siete de la noche.]
Macarena respondió que estaba bien. Después de eso, Ronan ya no le contestó más; seguramente ya estaba abordando el avión.
Apagó el celular, pensó un momento y decidió girar el carro para regresar a la casa.
Apenas llegó a la entrada de la casa, Macarena notó que había bastantes personas yendo y viniendo con maletas.
En medio de la gente, Abril, vestida con un vestido blanco, se movía con elegancia mientras daba instrucciones con voz suave:
—Ese es un regalo de Fermín, para mí es muy especial, tengan mucho cuidado con él.
Los demás respondieron enseguida:
—No se preocupe, señora, vamos a cuidar sus cosas.
Abril asintió, sin molestarse en aclarar el uso de la palabra “señora”.
Macarena se quedó parada a cierta distancia, observando la escena.
Ni siquiera la noche anterior, cuando firmó los papeles del divorcio, había sentido esto. Por primera vez, sintió que esa casa en la que había vivido varios años se le había vuelto ajena, como si ya no le perteneciera.
No se acercó, pero Abril sí la notó. La miró con dulzura, hizo una pausa y, tras dar unas indicaciones más, se acercó sonriendo.
—Perdona, Macarena. Resulta que el departamento que renté está en remodelación y no puedo vivir ahí por ahora. Fermín me pidió que me quedara un tiempo aquí en la casa, solo por mientras.
—¿No te molesta, verdad?
La sonrisa de Abril era suave, pero Macarena supo leer la chispa de desafío y hostilidad en su mirada.
Macarena la miró con seriedad y preguntó:
—¿Y si sí me molesta, te irías?
Abril se quedó congelada un instante.
No esperaba que Macarena respondiera tan de frente. Siempre la había visto ceder, incluso en el aniversario de bodas, cuando Fermín fue a pasar el día con ella, Macarena había fingido que nada ocurría.
Durante años, había hecho que otros le enviaran fotos de ella y Fermín juntos a Macarena, y hasta le mandó mensajes personales para tantear su reacción.
Pero Macarena jamás le había respondido de manera directa. Por eso, esta vez pensó que evitaría el tema.
Sin embargo, Abril pronto se recompuso y esbozó una sonrisa.
Estaba a punto de decir algo, cuando su mirada se posó sobre la figura alta que venía detrás de Macarena. Guardó silencio al instante.
Macarena, por supuesto, notó que Abril se quedó callada de golpe.
Justo cuando estaba por preguntarse el motivo, la voz de Fermín, dura y cortante, sonó a sus espaldas.

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