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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 280

Cuando Fermín despertó, lo primero que vio fue a Abril, recargada sobre la cama con una mano sosteniendo la cabeza y el codo apoyado en el colchón.

Ella tenía los ojos cerrados de puro cansancio, la cabeza le caía poco a poco, como si luchara por no quedarse dormida.

Al mirarla, una maraña de emociones le atravesó el pecho a Fermín. Era una mezcla tan enredada que casi no podía ponerle nombre.

Durante años se había aferrado a la idea de que Macarena había destruido lo que había entre él y Abril, que por su culpa Abril sufrió y terminó lejos, en otro país. Siempre sintió que le debía algo a Abril, que tenía que compensarla por todo lo que había pasado.

Pero, aunque pensaba en repararlo, jamás se le ocurrió dejar a Macarena para volver con Abril. La verdad, ni siquiera recordaba bien lo que había pasado aquella noche en casa de Macarena. Solo sabía que, siendo hombre, no podía pretender que nada había ocurrido, ni hacer como si pudiera sacudírselo de encima tan fácil.

Después de pensarlo un momento, Fermín levantó con cuidado la cabeza de Abril y la acomodó en la cama, buscando que descansara mejor.

Apenas la movió, Abril abrió los ojos, todavía medio perdida en el sueño, y lo miró.

—Fermín, ya despertaste.

Revisó la hora en su celular.

—Ya te toca la medicina. Voy por ella.

Fermín la detuvo, sujetando su muñeca. La mano de él, firme y un poco fría, le transmitió un escalofrío que le bajó hasta el corazón. Abril bajó la mirada, apretando los labios.

—Has estado al pie del cañón estos días —alcanzó a decir Fermín.

Abril soltó una sonrisa luminosa.

—¿Y eso a qué viene? No tienes que ser tan formal conmigo.

Fermín dudó un segundo. Sus labios se movieron, pero las palabras le costaban.

—Sobre lo que pasó la última vez…

Se quedó callado.

Por alguna razón, la frase “voy a hacerme responsable” no le salía. No sabía ni cómo se suponía que debía cumplir con eso.

Si se tratara de otra mujer, podría haberle exigido que se tomara una pastilla, darle una cantidad de dinero suficiente para que no volviera a buscarlo, y dejar atrás el asunto como si nada hubiera pasado.

Pero con Abril, todo era distinto.

—Podemos hacer como que esa noche nunca existió, no me importa —dijo Abril, fingiendo estar relajada, como si adivinara lo que él pensaba.

Y mientras más se hacía la fuerte, peor se sentía Fermín.

Guardó silencio, hasta que soltó:

—Dime qué quieres. Si está en mis manos, te lo doy.

—¿Y si lo que quiero es ser la señora Gómez?

...

Después de tomar la medicina, Fermín pidió que le dieran una habitación aparte a Abril para que pudiera descansar.

La lluvia seguía golpeando fuerte afuera, el sonido llenaba la habitación.

Fermín sacó el celular y revisó el mensaje que Macarena le había mandado poco antes.

[Alguien quiere verte.]

Solo eso. Un mensaje seco, como si le hiciera un favor.

Fermín dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa, impaciente. El ruido de la lluvia y el insomnio le revolvían la cabeza. Dudó un poco y terminó llamando a la recepción del hospital.

—La mujer de apellido Molina que me busca afuera, díganle que regrese a su casa.

Del otro lado de la línea, entre el ruido de la lluvia, la voz del guardia se escuchó entrecortada.

—Señor Gómez, ella ya se fue.

—Como estaba lloviendo tan fuerte, quería quedarse bajo techo, pero para que se fuera más rápido, no la dejamos entrar. Así que se quedó mucho rato bajo la lluvia y al final se marchó.

—¿Qué dijiste? —La voz de Fermín se volvió dura, casi cortante.

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