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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 282

Macarena pensó en Dante Oliva.

El detective privado que contrató descubrió que uno de los lugares donde Lea Torres estuvo coincidía bastante cerca del sitio donde la familia Torres encontró el arete de Lea.

Dante ya se dirigía hacia esa zona, mientras que Ronan aún no había regresado.

Eso quería decir que, tarde o temprano, Ronan y Dante iban a cruzarse.

¿Será que Dante estaba usando a Macarena para presionar a Ronan?

Después de todo, cualquiera podía investigar y descubrir que ella y Ronan tenían una relación laboral bastante clara.

Antes de que pudiera seguir dándole vueltas al asunto, su celular volvió a sonar.

Macarena vio que, esta vez, era Benicio.

Contestó sin rodeos:

—¿Qué pasa?

Benicio, con un tono melodramático y llevándose la mano al pecho, protestó:

—Me tratas con una indiferencia que me parte el alma.

—¿Ah, sí? —replicó Macarena, un poco desconcertada.

Benicio asintió, exagerando el gesto.

—¿Quién trata así a su novio? Tu actitud es demasiado formal.

—Mira, cuando la gente anda de novios, ¿acaso no lo primero que dicen por teléfono es algo como “te extraño tanto”?

Macarena se quedó pensando y guardó silencio.

Jamás había tenido una relación de pareja real.

En su momento, le gustó Fermín, pero nunca hubo oportunidad de ser novios. Todo fue tan confuso que, de pronto, ya estaba casada con él, empujada por las circunstancias.

Fermín siempre la trató con una distancia que helaba el ánimo, apenas y le dirigía la palabra.

Así que, a decir verdad, no tenía idea de cómo era una relación amorosa normal.

Incluso su relación con Benicio no empezó por amor.

Pero, ya que estaban juntos y si Benicio quería esa clase de detalles, ella no tenía inconveniente en intentarlo.

—Yo... —Macarena intentó decir algo, pero el calor en su cara la detuvo, haciéndola sentir expuesta.

No le salían las palabras, por más que las buscaba.

Al final, se rindió y le devolvió la pelota a Benicio:

—Tampoco escuché que tú dijeras que me extrañas.

Benicio, como si hubiera previsto su reacción, soltó una risita suave.

—Macarena, yo no solo te extraño, también te quiero muchísimo.

—A cada momento pienso en ti, y a cada momento te quiero más.

Macarena se quedó callada. Sabía que Benicio tenía el don de endulzar los oídos, y que seguramente ya había usado esas frases con otras chicas antes.

Justo cuando iba a escribirle el mensaje, recordó de repente la llamada que le hizo la inmobiliaria esa mañana, y cómo por un instante había pensado en Benicio.

Se quedó dudando y, al final, borró el mensaje.

...

Benicio, tras colgar, se quedó mirando la pantalla del celular, y sin poder evitarlo, se le dibujó una sonrisa en los labios.

—¿Y ahora qué te tiene tan contento?

Sin que él se diera cuenta, Esmeralda Oliva había entrado en su habitación.

Benicio se sobresaltó y, por instinto, quiso bloquear el celular.

Pero fue demasiado tarde. Esmeralda le quitó el teléfono de las manos, veloz como un rayo.

Al ver lo que había en la pantalla, levantó una ceja y empezó a leer en voz alta:

—“Dieciocho maneras para conquistar el corazón de una chica”.

—“Guía exprés para citas exitosas”.

—...

—“Cómo lograr que una mujer lastimada vuelva a creer en el amor”.

A medida que avanzaba por esos títulos sin sentido, la cara de Esmeralda se iba deformando en una mezcla de sorpresa y decepción.

—Benicio, ¿cuándo fue que tu inteligencia y tu sentido del gusto se vinieron tan abajo?

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