El gerente de ventas estaba tan molesto como resignado.
Antes, aquellas empresas se atrevían a colaborar con UME porque sabían que el Grupo Gómez miraría para otro lado.
Pero ahora, con Fermín contactando personalmente, aunque tuvieran el valor, nadie se atrevería a desafiarlo de frente.
—Por suerte, las ventas en el mercado de gama baja al menos nos ayudan a aliviar la presión de los productos acumulados —dijo el gerente de ventas.
Piero también sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
Si no fuera porque Macarena había previsto todo y cambió a tiempo la estrategia para enfocar otro público, estarían en una situación mucho peor.
Macarena no se sorprendió de que Fermín tomara medidas contra UME.
Después de cinco años de matrimonio, había visto de sobra cuán implacable podía ser Fermín cuando se entregaba por completo a la empresa.
—Pero, la verdad, la reputación y las ventas en el mercado de gama baja todavía no despegan del todo —añadió Piero—. La situación sigue algo complicada.
Macarena se quedó pensando unos segundos, luego preguntó:
—¿Y si apostamos fuerte por la publicidad?
Piero negó con la cabeza.
—Hace poco, ya invertimos una buena cantidad en promoción, pero con este bloqueo, apenas recuperamos algo de efectivo.
—El gerente del área de publicidad hizo cuentas. Aun controlando todo al máximo, el presupuesto sigue siendo mucho más de lo que podemos aguantar ahora.
—Y para acabarla, aunque decidiéramos arriesgarnos y meterle todo ese dinero, ni siquiera tenemos la seguridad de que funcione.
—UME ya no está para apuestas.
Con el ceño arrugado, Piero se frotó la frente, visiblemente cansado.
Además, había algo que no se atrevía a decir en voz alta: ahora que entraban discretamente al mercado de gama baja, ni siquiera valía la pena invertir tanto. Si al Grupo Gómez se le ocurría de verdad acorralarlos, podrían sacarlos del mercado sin esfuerzo.
Al final, podrían quedarse sin nada, igual que cargar agua en una canasta.
Macarena entendía perfectamente sus preocupaciones.
—Podemos hacer que la gente nos ayude a difundir el producto, sin cobrarles nada por la promoción.
—Es un instituto de beneficencia, una especie de hogar para personas necesitadas. Dicen que su director era fan de UME desde antes. Apenas supieron que íbamos a enfocarnos en productos más accesibles, se esforzaron en terminar los trámites y nos hicieron este pedido —explicó Piero.
Macarena asintió, hablando con calma:
—Efecto celebridad, efecto ancla de precios.
—¿Cómo? —Piero se quedó en blanco al escuchar esos términos tan técnicos.
Él siempre se había enfocado en la parte técnica, así que era lógico que no entendiera esos conceptos. Por el contrario, el gerente de ventas —más familiarizado con esas ideas— captó enseguida.
—El efecto celebridad lo entiendo: aprovechar la influencia del señor Torres para abrir mercado.
—Pero, ¿qué es eso del efecto ancla de precios?
Macarena les entregó el reporte a ambos.
—Piénsenlo así: imaginen que tienen dos carros frente a ustedes.
—Uno es conocido por ser un carro de lujo, pero la empresa que lo fabrica tuvo problemas y, de su precio original de ochenta mil pesos, ahora cuesta cincuenta mil. El otro, también costaba cincuenta mil, y ahora está en cuarenta y ocho mil. Ambos tienen exactamente el mismo equipamiento, tanto antes como después de la rebaja. Si tuvieran que elegir, ¿cuál comprarían?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste