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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 349

El puñal era bastante afilado, pero la superficie del anillo era pequeña y la hoja diminuta, mientras que la cuerda que las ataba era gruesa y tosca.

Para no levantar sospechas de quienes las vigilaban, Macarena cortaba con extremo cuidado, procurando no mover el cuerpo ni un milímetro más de lo necesario.

A ojos de los demás, parecía sumida en sus pensamientos, como si estuviera ida.

No supo cuánto tiempo pasó, pero de pronto sintió un alivio en las muñecas.

Sus ojos brillaron por un instante y levantó la cabeza, mirando a quienes las custodiaban.

Los dos hombres parecían convencidos de que no podrían escapar, así que bajaron la guardia por completo, sentados en la entrada; uno ya dormía tirado en el suelo, el otro cabeceaba, luchando por no quedarse dormido.

Macarena alzó la vista hacia la ventana.

El cielo empezaba a clarear; seguro era de madrugada.

Solo entonces, con la débil luz del amanecer, pudo distinguir que afuera había montañas, una tras otra, y un lago.

Montañas y lagos.

Por un momento, Macarena sintió que la situación se complicaba.

Rivella era famosa por sus paisajes, llena de montañas y lagos; con solo eso, no podía deducir nada.

Además, los alrededores de las afueras de Rivella estaban llenos de lugares parecidos; aun si lograba salir y ver el exterior, tal vez no podría ubicar con precisión dónde se encontraba.

Pero eso no le preocupaba demasiado. Mientras tuviera un celular y señal, podría mandar su ubicación en segundos.

Les habían quitado los celulares, pero sus captores debían tener uno.

Pensando en esto, Macarena retiró la cuerda cortada, mantuvo las manos detrás de la espalda y se frotó las muñecas, entumidas tras tanto tiempo atadas.

—Macarena, ¿qué estás…?

A su lado, Abril la miró con los ojos desorbitados.

Macarena le lanzó una mirada rápida y señaló discretamente al hombre que cabeceaba en la puerta.

Abril entendió de inmediato y se calló.

Macarena echó un vistazo a su alrededor y sus ojos se detuvieron en unos ladrillos esparcidos cerca.

Luego volvió hacia Abril y, con un gesto de cerrar el cierre de la boca, indicó silencio total, después señaló a los dos hombres y, con la palma de la mano, simuló un golpe en la cabeza.

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