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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 367

Él solo quería venganza, quería ver a Fermín desesperado.

Y ya lo había conseguido.

Estaba satisfecho, e incluso su tono de voz era ligero, sin importarle en absoluto su situación actual.

Fermín lo miró con frialdad.

—Entonces, ¿por qué la cuerda de Abril tenía un nudo ciego y la de Macarena un nudo corredizo?

De camino a la comisaría, le había preguntado a Ernesto los detalles de lo que pasó.

Macarena no había caído porque Benicio la soltara, sino porque ella misma había desatado el nudo de la cuerda que la sujetaba.

Pero cuando fueron a quitarle la cuerda a Abril, la suya tenía un nudo ciego.

Y fue precisamente ese nudo lo que les hizo perder un tiempo precioso para rescatar a Macarena.

Marcelo arqueó las cejas aún más.

Cuando comprendió, se echó a reír a carcajadas.

—Fermín, ninguna de las dos tenía un nudo ciego.

—Ambas eran nudos corredizos.

—Tu futura esposa te engañó.

—…

—¿Que por qué lo hice así? Porque mientras te daba a elegir a ti, también les estaba dando a elegir a ellas.

—La que te ama de verdad no te haría pasar por un dilema así, no te haría sufrir. Se encargaría de morir por su propia cuenta.

—Qué lástima que, por lo que veo, ninguna de las dos te ama.

***

La búsqueda de Macarena y Benicio continuaba.

En la cima de la montaña, de la noche a la mañana, habían aparecido decenas de tiendas de campaña, y las luces de emergencia provisionales iluminaban el lugar como si fuera de día.

La ladera era empinada y alta, y debido al campo magnético de la zona, los drones no podían llegar hasta el fondo.

No tuvieron más remedio que recurrir a rescatistas profesionales, mientras que el resto intentaba descender todo lo posible, buscando en las zonas a las que podían acceder.

Los gritos con sus nombres resonaban por todo el valle.

—Además, aunque los veamos, necesitamos tener energía y fuerza para poder rescatarlos.

Vio que a Ronan ya le temblaban las manos.

Desde que había empezado, no lo había visto soltar el control remoto más que para cambiar las baterías.

El control del dron era pesado; a ella se le cansaban las manos después de sostenerlo solo un rato.

—Gracias, déjalo aquí —le dijo Ronan con voz neutra.

Esmeralda echó un vistazo a los varios platos de comida ya fríos que tenía a su lado.

Había pasado más de un día. Ella ya había pasado de la ira y la desesperación inicial a la aceptación, pero Ronan parecía no haberlo hecho todavía.

No conocía mucho a Ronan, pero tanto por lo que había visto como por lo que había oído, era un hombre sereno y estable, que rara vez perdía la compostura.

Era la primera vez que lo veía tan alterado.

Hasta ese momento, sus nervios no se habían relajado ni un segundo.

***

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