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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 370

—Vaya, así que de verdad soy tan importante para ti.

La voz de Benicio, aunque débil, sonó con un toque de burla.

Macarena bajó la mirada y vio que él, en algún momento, había abierto los ojos. Su rostro seguía pálido como siempre, pero ahora la miraba con una sonrisa.

Ella se quedó paralizada por un instante.

Al darse cuenta de que no estaba soñando, sintió un nudo en la garganta. Miedo, terror, tristeza, sorpresa… un torbellino de emociones la invadió.

Ya no pudo controlarse más y, dejándose caer sobre él, rompió a llorar desconsoladamente.

Benicio había querido bromear un poco más, pero al verla llorar con tanto desconsuelo, el corazón se le ablandó y se tragó las palabras que iba a decir.

Se incorporó lentamente y la abrazó.

—Ya pasó —susurró para calmarla.

No supo cuánto tiempo pasó hasta que Macarena logró tranquilizarse.

Conteniendo las lágrimas, le dijo con la voz entrecortada:

—Benicio, qué tonto eres.

—Es que tú… no tenías ninguna necesidad de… arriesgarte tanto.

Podría no haberse metido desde el principio. El problema lo había causado Fermín, y ella se había visto arrastrada; él no tenía nada que ver. Pero no solo la rescató, sino que al final, soltó la cuerda y saltó con ella.

Macarena sentía de todo.

Lloraba sin poder controlarse.

Benicio no pudo evitar sonreír.

En cuanto a tonterías, Macarena y él eran tal para cual.

En un momento así, la mayoría de la gente pensaría en cómo aferrarse a ese clavo ardiendo, sin soltarlo aunque eso significara arrastrar a alguien más al abismo. Pero ella, en medio de su pánico, había desatado la cuerda por voluntad propia para darle una oportunidad de vivir.

—Quizá… —comenzó a decir Benicio.

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