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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 410

—¡Cuidado! ¡Al suelo!

En el instante en que se escuchó la advertencia, el estruendo de un disparo resonó en la espesura del bosque, espantando a las aves, que alzaron el vuelo en una ruidosa bandada.

La situación cambió en un abrir y cerrar de ojos. Los gritos de pánico se extendieron por el equipo de rescate y todos corrieron a buscar refugio.

Fermín ya había notado una figura sospechosa y sigilosa detrás de un árbol. En el momento en que vio el cañón del arma apuntando hacia Macarena, reaccionó por puro instinto: corrió hacia ella y la empujó a un lado.

Un dolor explosivo le estalló en el pecho.

Fue una acción completamente instintiva; su mente se quedó en blanco. Para cuando recuperó la noción, su cuerpo ya no podía sostenerse y se desplomó en el suelo.

El dolor agudo lo paralizó.

Los sonidos a su alrededor le llegaban como un murmullo lejano y confuso, como el oleaje del mar.

El rostro aterrorizado y preocupado de Macarena se reflejó en sus pupilas, pero ella solo lo miró por un segundo antes de darse la vuelta y, al parecer, ser escoltada lejos de allí.

En su campo de visión, solo quedó su espalda.

La siguió con la mirada, pero Macarena ni siquiera se giró.

«Qué ingrata», pensó Fermín, sintiendo una mezcla de rabia e impotencia.

Fue en ese preciso instante cuando recordó el accidente de carro de hacía casi dos meses. La imagen de una mirada ensangrentada, llena de miedo y decepción, apareció en su mente.

Era Macarena.

Comprendió, con un retraso doloroso, que en aquel entonces ella debió de sentirse como él ahora, viéndolo alejarse con determinación, sin mirar atrás.

Así que esto era lo que se sentía… esta desolación de ser abandonado por el mundo entero.

No supo cuánto tiempo pasó. Los disparos y el alboroto cesaron en algún momento.

Le pareció oír la voz de Sabrina a lo lejos.

—¡Hermano!

Fermín intentó abrir los ojos, pero un agotamiento abrumador lo invadió. Todo se volvió negro y perdió el conocimiento.

***

Aunque la luz del sol que bañaba a Macarena no lo alcanzaba, sintió una extraña calidez en su propio cuerpo.

Al ver que estaba sana y salva, Fermín olvidó por un momento que, justo antes de desmayarse, se había arrepentido de haberla salvado.

«Bueno, al menos no es una completa ingrata», pensó para sus adentros.

Sin saber por qué, no dijo nada. Se quedó observándola mientras ella terminaba de arreglar las flores y volvía a colocar el jarrón en su sitio.

Como si sintiera su mirada, Macarena se giró hacia él.

Sus ojos se encontraron.

Por un instante, el corazón de Fermín dio un vuelco. Por primera vez en su vida, sintió el extraño impulso de apartar la mirada.

Lo hizo.

Pero reaccionó de inmediato. «¿Por qué tendría que esconderme? No he hecho nada malo».

Con ese pensamiento, volvió a mirarla.

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