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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 429

Por Abril, estaba dispuesto a arriesgarse una vez más.

Al otro lado de la línea, al oír que Eduardo había aceptado, la voz de Abril volvió a ser dulce.

—Gracias, Eduardo. Te prometo que esta es la última vez.

Aunque sus palabras eran amables, una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.

Tras colgar, cambió de celular y marcó el número de Dante. Mientras esperaba a que respondiera, jugueteó con el anillo que él le había regalado y exhaló suavemente.

Ese día, después de su confesión a Fermín, no pudo contenerse y fue a pedirle explicaciones a Dante. Fue entonces cuando descubrió que el anillo siempre había estado en posesión de Dante; nunca se lo había entregado a Fermín. En la habitación del hospital, Fermín la había estado poniendo a prueba.

La revelación la entristeció, pero también la alarmó. Llevaba años conociendo a Fermín y sabía cómo era: una vez que su confianza en alguien se resquebrajaba, era muy difícil recuperarla. Ella misma había explotado esa faceta de su carácter para sembrar la desconfianza entre él y Macarena.

Nunca imaginó que ahora Fermín también dudaría de ella.

Pero si Fermín, que antes confiaba ciegamente en ella, había cambiado tanto, era seguro que Macarena había estado metiendo cizaña.

Macarena no podía seguir con vida.

Sin embargo, sus movimientos estaban vigilados y no tenía oportunidad de actuar. Además, ahora que Macarena estaba bajo la protección de Benicio, matarla era exponencialmente más difícil.

En este momento, la única persona que se atrevería a hacerle algo a Macarena, y que estaría dispuesta a correr el riesgo, era Dante.

Pasaron casi dos minutos antes de que Dante contestara. Su voz sonaba gélida y letal.

—¿Qué quieres?

—Macarena ya regresó sana y salva. ¿No querías matarla? Yo te daré la oportunidad —dijo Abril con frialdad.

Dante guardó silencio por un par de segundos y luego soltó una risa burlona.

—No soy el sicario de nadie. Si quieres usar a alguien para matar, te equivocaste de persona. Además, no trabajo dos veces con idiotas.

La excusa era a todas luces absurda, pero tenía un doble sentido. Durante el caos en la familia Oliva, cuando Dante era perseguido, Benicio y su hermana Esmeralda le salvaron la vida, y Benicio resultó gravemente herido en un ojo por ello. Por eso, aunque Dante fuera un asesino despiadado y sin corazón, por respeto a que Benicio casi pierde un ojo por él, siempre le daría un trato preferencial.

Dante alzó la vista. El humo del cigarrillo se arremolinaba frente a él, dibujando los contornos de su rostro impasible, que bajo la luz de la noche parecía casi diabólico.

—Reúne a todos los hombres. Que traigan sus armas. Esta noche, a quien se resista, ¡lo ejecutan en el acto!

Su voz resonó con autoridad.

Dante arrojó por la ventana la colilla apagada. De repente, una figura pasó fugazmente por el rabillo de su ojo y una extraña y repentina sensación lo invadió. Fue solo un instante, tan rápido que no tuvo tiempo de procesarlo.

El corazón se le desbocó de repente.

—Detén el carro —ordenó con voz tajante.

AVISO PARA LECTORES: Queridos lectores, agradecemos su entusiasmo y apoyo hacia esta novela. Nos comprometemos a continuar con una actualización de capítulos el próximo viernes, 19 de diciembre. ¡Gracias por su paciencia y respaldo!

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