El guardaespaldas se apresuró a sostener a Dante.
El chofer se quedó a un lado, con la boca abierta, sin saber qué decir.
—¿Eres nuevo? —preguntó el guardaespaldas al chofer.
El chofer, Nicolás, se quedó pasmado un segundo y luego asintió.
Como Lea iba a regresar, él había venido con ella. Además, por boca de Lea sabía que Dante era el enemigo que la había estado buscando todo este tiempo.
No solo era enemigo de Lea, sino que también quería hacerle daño a Macarena.
Por eso se había ofrecido como chofer de Dante, para ayudar a vigilar sus movimientos.
—Si no vi mal, hace un momento te quería matar. ¿Por qué lo ayudas? —no pudo evitar preguntar Nicolás.
El guardaespaldas respondió con voz dura: —El señor Oliva me salvó la vida.
—Si vivo o muero, es decisión del señor Oliva.
—Eso no está bien... —Nicolás quiso refutar, pero el guardaespaldas lo cortó:
—Déjate de tonterías y échame una mano. Hay que llevar al señor Oliva adentro.
Nicolás soltó un «oh» y obedeció.
El guardaespaldas sacó un fajo de billetes del bolsillo y se lo dio: —El señor Oliva ya vio tu cara. A partir de mañana, no te quiero ver en la propiedad de los Oliva.
Nicolás se quedó atónito al escucharlo.
Él había venido aquí para acompañar a Lea; si se iba, ¿a dónde iba a ir?
Sin embargo, Nicolás no protestó. Tomó el dinero y asintió.
***
La noticia de que Dante planeaba ir a buscarlas, pero que su plan se retrasó debido a una crisis, llegó rápidamente a oídos de Benicio Oliva.
Benicio sintió una mezcla de emociones.
—¿Cómo está Dan ahora? —preguntó Benicio por teléfono.
Rosalía suspiró al otro lado de la línea. —No muy bien.
—Cuando el médico fue a tratarlo, casi lo mata.
—Benicio —dijo Rosalía—, en realidad hay otra forma. Si tomas el control de la familia Oliva lo antes posible, podrías proteger a Macarena de Dante. Pero para eso, necesitas tiempo...
Antes de que Rosalía terminara, Benicio ya sabía lo que iba a decir.
Necesitaba tiempo para disipar las sospechas de Dante.
Y para quitarle las sospechas, lo primero que tendría que hacer, inevitablemente, sería lastimar a Macarena para demostrarle lealtad a Dante.
—Tía, no puedo hacer eso —dijo Benicio.
—Ella lo entendería —insistió Rosalía.
—Además, con todos nosotros aquí, no sufriría un daño grave.
—Yo también puedo protegerla...
Benicio la interrumpió: —Sé que ella entendería mis motivos y sé que usted podría protegerla, pero no puedo hacerlo.
—Ella ya ha sufrido demasiado. No puedo lastimarla otra vez bajo la excusa de salvarla, dando por hecho que su dolor es el precio a pagar. Si hiciera eso, ¿en qué me diferenciaría de Dan?
—Encontraré otra manera de resolver esto.

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