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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 505

Abril sabía que seguir negándolo era inútil. Si Fermín había hablado con tanta seguridad, era obvio que tenía pruebas aplastantes en sus manos de que no había embarazo.

Pero lo que no lograba comprender era por qué la estaba desenmascarando justo ahora. ¡Y frente a todos los medios de comunicación!

Fermín solía protegerla, nunca la habría lastimado de esta manera. En medio de su dolor, intentó convencerse a sí misma de que él se acababa de enterar de la noticia. Que la rabia lo había cegado y por eso la humillaba sin pensar en las consecuencias.

Sin embargo, esa frágil esperanza se hizo añicos cuando Fermín la miró con profunda decepción.

—Lo supe hace mucho tiempo, cuando estabas en el hospital. Abril, estuve esperando todo este tiempo a que me dijeras la verdad por ti misma.

Al escuchar esas palabras, Abril sintió que le cortaban la respiración.

Así que su intuición del día anterior no estaba equivocada.

Pero...

Abril paseó la mirada por la hilera de cámaras y los ojos morbosos de la multitud que se deleitaba con su caída. Llevándose las manos al pecho, le gritó con agonía:

—¿Por qué ahora?

Podría haberla confrontado en privado, pero ¿por qué humillarla frente a todo el mundo en este preciso instante? ¿Por qué permitir que todos la vieran en su estado más patético?

—No podía seguir viendo cómo cavabas tu propia tumba con mentiras —respondió Fermín con voz ronca y pesada.

Durante todo el tiempo que supo del falso embarazo, había acumulado mucha rabia. Pero esa furia nacía más del dolor de la traición y de ver cómo sus expectativas sobre ella tomaban un rumbo inimaginable.

La mujer dulce y bondadosa que él creía conocer resultó tener un alma oscura, desquiciada y capaz de cualquier bajeza con tal de lograr sus objetivos.

El accidente de auto que le arrebató al hijo que esperaba con Macarena.

Los múltiples intentos de atentar contra la vida de Macarena.

—Casarse conmigo no fue una decisión unilateral de ella. Nuestra ruptura tampoco fue solo tu culpa. La que se equivocó no fue ella, fui yo —admitió Fermín en tono sepulcral.

Siendo sincero consigo mismo, el problema siempre fue que no amaba a Abril con tanta intensidad. Por eso nunca tuvo el valor de rebelarse contra el matrimonio que lo unía a Macarena.

Cuando Abril se fue del país llena de rabia y sufrió en el extranjero debido a ese matrimonio, él comenzó a sentirse culpable. Pero los seres humanos por naturaleza evaden su responsabilidad. Como el poderoso heredero de la familia Gómez, se negó a aceptar su culpa. Si Abril era la víctima y él no tenía la culpa, el chivo expiatorio lógico era Macarena.

Así, Macarena se convirtió en la villana que destruyó su historia de amor, y cada vez que la culpa por Abril lo atormentaba, canalizaba toda su frustración castigando a su esposa.

Lo más patético de todo era que, al principio, él sabía en el fondo que Macarena no era la culpable. Pero repitió esa mentira tantas veces en su cabeza que terminó creyéndosela.

No fue hasta que Macarena firmó los papeles del divorcio, al sentir un pánico paralizante cuando ella estaba en peligro, y al experimentar unos celos irracionales al verla sonreírle a Benicio Oliva, que Fermín se vio obligado a enfrentar sus verdaderos sentimientos.

—El único culpable desde el principio he sido yo. Si tienes que odiar a alguien, ódiame a mí. Si quieres desquitarte con alguien, hazlo conmigo.

Fermín dio dos pasos hacia Abril y extendió los brazos, dejando claro que no opondría resistencia.

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