Abril sabía que seguir negándolo era inútil. Si Fermín había hablado con tanta seguridad, era obvio que tenía pruebas aplastantes en sus manos de que no había embarazo.
Pero lo que no lograba comprender era por qué la estaba desenmascarando justo ahora. ¡Y frente a todos los medios de comunicación!
Fermín solía protegerla, nunca la habría lastimado de esta manera. En medio de su dolor, intentó convencerse a sí misma de que él se acababa de enterar de la noticia. Que la rabia lo había cegado y por eso la humillaba sin pensar en las consecuencias.
Sin embargo, esa frágil esperanza se hizo añicos cuando Fermín la miró con profunda decepción.
—Lo supe hace mucho tiempo, cuando estabas en el hospital. Abril, estuve esperando todo este tiempo a que me dijeras la verdad por ti misma.
Al escuchar esas palabras, Abril sintió que le cortaban la respiración.
Así que su intuición del día anterior no estaba equivocada.
Pero...
Abril paseó la mirada por la hilera de cámaras y los ojos morbosos de la multitud que se deleitaba con su caída. Llevándose las manos al pecho, le gritó con agonía:
—¿Por qué ahora?
Podría haberla confrontado en privado, pero ¿por qué humillarla frente a todo el mundo en este preciso instante? ¿Por qué permitir que todos la vieran en su estado más patético?
—No podía seguir viendo cómo cavabas tu propia tumba con mentiras —respondió Fermín con voz ronca y pesada.
Durante todo el tiempo que supo del falso embarazo, había acumulado mucha rabia. Pero esa furia nacía más del dolor de la traición y de ver cómo sus expectativas sobre ella tomaban un rumbo inimaginable.
La mujer dulce y bondadosa que él creía conocer resultó tener un alma oscura, desquiciada y capaz de cualquier bajeza con tal de lograr sus objetivos.
El accidente de auto que le arrebató al hijo que esperaba con Macarena.
Los múltiples intentos de atentar contra la vida de Macarena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste