Lisa seguía dudando, con la indecisión pintada en los ojos.
Se preguntaba si acaso todo aquello no sería solo un arrebato de Fermín, una de esas frases que uno dice sin pensar cuando está molesto.
Sin embargo, luego de darle vueltas, Lisa dejó a un lado esa idea. Fermín rara vez hablaba por impulso. Cuando Macarena lo hacía enojar y él mencionaba un castigo, lo cumplía al pie de la letra. Recordó aquella vez en que Fermín le dijo a Macarena que no permitiría que ella tuviera un hijo suyo; ya llevaban cinco años de casados y Macarena nunca había quedado embarazada.
Al pensarlo, la mirada de Lisa se volvió más nítida y decidida.
Abril notó el cambio en su expresión y supo que sus palabras habían surtido efecto. Sonrió de lado, apoyando la mano con delicadeza sobre el hombro de Lisa, y con voz suave le dijo:
—Lisa, ¿de verdad no te has dado cuenta del motivo por el que Fermín me dejó quedarme aquí?
—Aunque no lo quieras ver, deberías saber que Macarena ya no va a volver. Así que, ¿esta habitación no sería, en todo caso, solo una habitación de invitados?
Lisa terminó por convencerse.
Abril le dio unas palmaditas al hombro y añadió:
—No hace falta que limpies aquí. Todo lo que no sirva yo misma lo sacaré. Mejor aprovecha el tiempo para investigar quién soy y cuál es mi relación con Fermín. Eso te va a servir si más adelante tienes que tomar partido.
Sin decir más, Abril entró tranquilamente a la habitación.
Lisa se quedó paralizada, sin saber cómo reaccionar.
Pasaron dos minutos de silencio antes de que, por fin, despertara de su asombro. Sacó el celular y marcó el número de su hijo, quien trabajaba en el Grupo Gómez.
—Hijo, ayúdame a investigar a una persona.
...
Después de desayunar, Fermín salió de la casa.
Apenas había avanzado unos metros en el carro cuando, casi sin pensarlo, sacó el celular y revisó los mensajes; Macarena seguía sin contestar. Un mal presentimiento le apretó el pecho.
Tanto tiempo sin responder... ¿No le habría pasado algo?
Le dio vueltas al asunto y, finalmente, decidió llamarla.
El teléfono apenas sonó un par de segundos antes de que se cortara la llamada.
Eso solo hizo que Fermín frunciera el ceño aún más. Una inquietud extraña y punzante le recorrió todo el cuerpo.

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