Macarena se quedó pasmada ante las palabras de Fermín.
Durante aquellos años en los que más amó a Fermín, había hecho un sinfín de tonterías, incluso le llegó a proponer trabajar como su secretaria, para poder cuidar de él en el trabajo y en su día a día.
Pero apenas acabó de decirlo, Fermín la paró en seco, rechazando la idea con el argumento de que no le gustaba ese tipo de favoritismos ni andar metiendo a gente por palancas.
Ella tomó sus palabras al pie de la letra, pero aun así, de manera discreta, mandó su currículum.
Para lograr ingresar al Grupo Gómez, Macarena pidió uno de los sueldos más bajos.
Gracias a su buen desempeño, terminó superando a muchos otros aspirantes que estaban en el mismo proceso de selección.
Sin embargo, en la última ronda de entrevistas, cuando Fermín la vio, frunció el ceño y ni siquiera la dejó pasar: ordenó que la eliminaran del proceso sin darle la oportunidad de presentarse.
Después, ella no se aguantó y le preguntó el motivo.
Fermín, sin pensarlo, soltó una risa desdeñosa y contestó:
—Por más mal que esté la familia Gómez, no necesitamos que una mujer ande mostrándose en público.
Ahora, en cambio, era él quien la invitaba a entrar al Grupo Gómez.
Y además, por la puerta de atrás.
Definitivamente había cambiado desde que estaba con Abril.
Macarena, medio en broma, preguntó:
—¿Y esto qué es? ¿Un tipo de compensación o algo así?
—Puedes verlo de esa forma —respondió Fermín, sin inmutarse.
Macarena se quedó callada...
Pasaron unos segundos en silencio. Fermín pensó que ella estaba demasiado emocionada.
Después de todo, ella había hecho hasta lo imposible por quedarse a su lado, y ahora él le ofrecía justo esa oportunidad.
—Pero tengo una condición —añadió Fermín, recordando la imagen de Macarena subiéndose al carro de aquel hombre esa mañana, lo que le provocó una incomodidad inexplicable—: No tolero ese tipo de situaciones. No me interesa lo que estés pensando, pero quiero que termines cuanto antes cualquier relación inapropiada.
Relación inapropiada.
Macarena tardó un poco en entender.
Se refería, probablemente, al tema del divorcio.
¿Tan poco podía esperar? ¿Ni siquiera un mes?
Con una sonrisa amarga, Macarena contestó:
—Yo también quisiera que fuera más rápido, pero toca esperar un poco más.
Fermín estaba tan apurado por terminar cualquier vínculo, ¿cómo iba a buscarla personalmente?
Dejó de pensar en ello, pero después de colgar, lo primero que hizo fue pedir una cámara de seguridad en línea, lista para colocarla en la sala.
Tras hacer todo eso, sintió como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
...
A la mañana siguiente, se levantó temprano, ordenó sus cosas, se maquilló con esmero y, después de asegurarse de que todo estaba perfecto, salió de su departamento.
Mientras esperaba el elevador, notó que el departamento de enfrente, que llevaba casi una semana en remodelación, tenía la puerta abierta. Los trabajadores estaban apurados, metiendo muebles nuevos—sofás, estantes—al interior.
La luz del sol, filtrándose por la ventana polvorienta del pasillo, acariciaba su hombro derecho.
El bullicio de los trabajadores y el calorcito del sol la hicieron sentirse por un instante como si no estuviera sola.
La luz era real.
El suelo bajo sus pies la sostenía con firmeza.
Hoy era su primer día de regreso en UME.
Un nuevo capítulo en su carrera estaba por comenzar.

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