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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 86

—No hay razón para molestarse por eso —dijo Macarena, sin perder la calma.

La próxima vez que se vieran, ni siquiera sabía cuándo sería.

En poco más de veinte días, cuando el trámite de divorcio estuviera listo, ella y Fermín ya no tendrían ninguna relación.

Verlos o no, daba igual.

No tenía sentido torturarse por algo que tal vez ni siquiera sucedería.

—Si no hay nada más, voy a colgar —añadió Macarena, con un tono sereno.

Fermín notó que ya no había ni un rastro de enfado en su voz. Aunque al principio seguía molesto, poco a poco se fue calmando.

—Olvídate de la disculpa, pero regresa a la casa en la noche —dijo él, tratando de sonar casual.

—Ya tengo planes para la noche —respondió Macarena sin titubear.

—¿Qué planes? —preguntó Fermín, con curiosidad.

Macarena pensó un momento antes de contestar:

—Tengo asuntos de trabajo.

En cuanto escuchó eso, a Fermín le vino a la mente lo que Ernesto le había contado hace poco: Macarena había rechazado la oferta del Grupo Gómez y se había ido a otra empresa.

Por alguna razón, eso le molestó aún más y su tono se volvió sarcástico:

—Pues sigue con tus asuntos de trabajo, entonces.

Sin decir nada más, colgó de inmediato.

Macarena se dio cuenta de que estaba enojado.

Pero no tenía ganas de llamarle para calmarlo. Así que tomó un carro y volvió directamente a UME.

...

Por la tarde, Macarena se acercó primero a Ronan para preguntarle sobre las costumbres y gustos de todos. Después, pidió una merienda para el equipo y se la fue entregando uno por uno.

Cuando los compañeros recibieron su merienda, todos le dieron las gracias. Ya no la trataban con la indiferencia de antes.

Pero en ese momento, Piero se acercó, devolviéndole su merienda a la mesa de Macarena. Con una sonrisa fingida y los ojos llenos de desdén, soltó:

—Macarena, le recomiendo que se concentre más en su trabajo. Aquí, eso de andar sobornando no le va a funcionar.

Tras decirlo, Piero miró de reojo a todos los presentes, luego regresó a su oficina, tan distante como siempre.

Aunque no dijo nada más, todos captaron perfectamente el mensaje de Piero.

Ella era la encargada, sí, pero Piero era el pilar técnico de UME y, como no la toleraba, nadie podía asegurar que ella fuera a quedarse en la empresa.

Macarena no pensaba ponerlos en aprietos.

Justo entonces, Ronan entró a la oficina.

Vio la montaña de meriendas en el escritorio de Macarena y, al cruzar miradas con ella, enseguida captó el panorama y notó la preocupación en su rostro.

Con una sonrisa tranquila, Ronan se acercó, tomó las meriendas y empezó a repartirlas de nuevo:

—Macarena pidió estas meriendas especialmente para todos, ¿van a quedarse ahí parados o qué?

Alguien buscó una excusa, igual que antes.

Pero Ronan no se dejó impresionar y replicó, relajado:

—Véanlo como un favor personal, ¿sí? Hagan una excepción por mí.

—Aquí, el jefe tiene peso. No querrán dejarme en ridículo delante de todos, ¿verdad?

Con un par de frases, varias chicas ya no supieron cómo negarse.

Cuando algunos aceptaron, los demás tampoco insistieron tanto en rechazar.

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