—Sebas, esto... ¿qué significa esto?
Beatriz estaba en estado de shock absoluto. Miraba a Sebastián con unos ojos llenos de un horror y una angustia indescriptibles.
—Mamá, precisamente quería hablar contigo sobre esto.
—Tranquila, por favor. Escucha todo lo que tengo que decir...
Sebastián la tomó del brazo suavemente para que se volviera a sentar. Luego, con un tono increíblemente calmado, comenzó a relatarle todos los detalles de esos años de pesadilla y sufrimiento que había vivido.
Mientras hablaba, su rostro no mostraba ni la más mínima alteración, como si estuviera contando la historia trágica de un completo desconocido.
Para él, esos recuerdos pertenecían a otra vida.
Al haber renacido de sus propias cenizas, había dejado todo ese sufrimiento en el pasado, y ya no le provocaba ninguna respuesta emocional.
Sin embargo, al escuchar cada palabra, Beatriz fue cayendo en un abismo de desesperación. Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar de una manera desgarradora, incapaz de detenerse.
Sebastián observaba en silencio a su madre. En su memoria, ella siempre había sido una mujer de una belleza imponente, con una larga y hermosa cabellera oscura, fuerte, decidida y que arrasaba con todo a su paso.
Pero ahora, su cabello estaba salpicado de canas, lucía mucho más envejecida, y sus movimientos eran más lentos y pesados. Verla así le provocó una punzada de dolor en el pecho.
—¡Ese miserable de Javier Benítez! ¡Te llevó fuera del país solo para terminar vendiéndote! ¡Hasta los animales protegen a sus crías! ¡Él... él es una escoria humana!
Después de llorar durante un largo rato, Beatriz logró recuperar un poco el aliento y escupió las palabras llenas de odio.
En ese momento, ¡sentía unas ganas irreprimibles de tomar un cuchillo y salir a cazar a Javier Benítez para matarlo ella misma!

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