—¡Jajajaja! ¿Se quemó Oro & Noche, verdad?
—¡Y pensar que era el único negocio de la santa de tu madre! Quiero ver de qué van a presumir ahora, par de fracasadas.
—Tsk, tsk... qué lástima que no se murió nadie, habría sido más divertido...
—Me enteré de que tu mamá estaba llorando a mares ahí mismo. De solo imaginarlo me da muchísima risa, ¡jajajaja!... ¡Qué joya, te juro que esto es una joya!
La persona del otro lado usaba un distorsionador de voz para sonar como un hombre macabro.
Esa voz enfermiza y alterada era tan aguda que casi le perfora los tímpanos a Amaya.
Pero Amaya entendió todo al instante. Era otro de los jueguitos de Vera.
Esa mujer era verdaderamente imbécil; siempre buscaba provocarla justo cuando a ella ya se le estaba acabando la paciencia.
¡Pues qué bueno! Así ya no tendría que seguir reprimiéndose.
Con un tono helado, Amaya habló por el micrófono:
—Vera, no trates de asustarme con ese distorsionador de voz. Sé perfectamente que eres tú, y también sé que fuiste tú quien mandó a quemar Oro & Noche.
—¿Te pareció muy divertido?
—Pues espérate, porque en un rato te vas a divertir muchísimo más.
Dicho esto, Amaya colgó la llamada con expresión furiosa.
Del otro lado de la línea, Vera, que hace unos segundos no cabía de la emoción, se quedó pasmada. El celular se le resbaló de las manos y cayó al piso.
Ese tono sepulcral de Amaya la había atravesado como un viento helado, haciéndola temblar de pies a cabeza.
Por puro instinto, sintió miedo y volteó a ver a Sonia.
—Mamá, ¿escuchaste a Amaya? Sentí que hablaba muy en serio...
Sonia también se desconcertó por un momento, pero luego de pensarlo, negó con la cabeza con seguridad.
—Imposible. Acabo de preguntar sobre eso. La policía ya lo declaró como un accidente. No hay manera de que descubran nada. Solo te está queriendo asustar, tú tranquila.
Vera estaba convencida de que toda la altanería que se cargaban era únicamente porque eran dueñas de Oro & Noche.
Y ahora que el lugar estaba calcinado y no iba a poder operar en mucho tiempo, Beatriz había perdido una fortuna. Encima, la policía había declarado todo como un mero accidente.
Para Vera, Amaya y su madre ya no eran más que un par de cadáveres esperando a ser pisoteados.
Con eso en mente, sus dudas desaparecieron por completo. Siguió cantando y gritando junto a Sonia, e incluso pidieron que dos chavos muy guapos del club las acompañaran a cantar.
***
Amaya llegó con sus hombres justo a la puerta de ese cuarto VIP.
Con una mirada afilada, se asomó por la rendija de la puerta y vio a Vera y a Sonia en pleno desmadre, toqueteando a los jóvenes del club mientras cantaban a todo pulmón. Era un espectáculo denigrante.
Antes de conocer la verdadera cara de Vera, Amaya la tenía en el concepto de la "niña bien" más recatada de Solsepia. Había escuchado maravillas sobre ella: que si era pura, noble y cariñosa. Hasta Diego se la pasaba llenándola de elogios a la menor oportunidad.
Y ni se diga de la imagen de Sonia. Ella venía de la familia Ponce. De las dos hermanas, una se casó con un Muñoz y la otra con un Ramos. Eran el claro ejemplo de señoras de alta sociedad con matrimonios impecables.

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