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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 2

Dentro del salón.

La mirada de Amaya estaba clavada en Diego. Se le veía radiante, con una copa en la mano, acompañando a Vera por todas las mesas para brindar.

—Mi amigo Romeo está en el extranjero trabajando en un proyecto de construcción confidencial, no regresará hasta dentro de un año. Así que hoy, en esta fiesta, yo lo representaré.

—Vera acaba de terminar la cuarentena, no puede tomar alcohol ni cosas frías. Así que cualquier brindis por ella, me lo tomo yo.

...

Amaya sintió de pronto que el jugo de naranja le sabía frío y amargo; se le heló el pecho.

Había trabajado con Diego por muchos años y, en cada evento o cena de negocios, él no dudaba ni un segundo en mandarla al frente, presumiendo que ella aguantaba todo el alcohol del mundo.

Nunca lo había visto tomar tanto ni aceptar cada copa que le ofrecían, y mucho menos se habría imaginado que algún día se ofrecería a recibir los tragos por otra persona.

Al ver su rostro apuesto y ligeramente sonrojado por el alcohol, Amaya solo sintió una tristeza inmensa y una amarga ironía.

Ya no podía soportarlo más. Estaba a punto de acercarse cuando el presentador del evento habló por el micrófono desde el escenario:

—Hoy celebramos el primer mes del pequeño Mateo. Y como su tío, el señor Muñoz le tiene preparado un regalo muy especial. ¡Recibámoslo con un fuerte aplauso!

Para entonces, Diego ya estaba de pie junto a Vera frente a todos, cargando a Mateo.

A la vista de todos, abrió un estuche alargado que contenía un adorno de oro puro, brillante e incrustado con piedras rojas.

Al ver ese adorno, a Amaya se le congeló la sangre.

Dio un paso rápido para acercarse al frente. Abrió los ojos de par en par, clavando la mirada en el adorno durante un par de segundos, ¡y la rabia le estalló en el pecho!

La voz alegre de Diego resonó en el lugar:

—Este adorno es una reliquia de la familia de la tía del niño. Tiene un gran significado y es muy valioso. Hoy se lo entrego al pequeño Mateo, ¡con la esperanza de que tenga una vida larga, llena de salud y mucha inteligencia!

Escuchar a Diego decirlo con sus propias palabras hizo que el mundo de Amaya se hundiera en la oscuridad total.

¡Eso se lo había dado su madre cuando tenía seis meses de embarazo para su futura bebé! Ella misma lo había guardado en la caja fuerte de la oficina de Diego por miedo a perderlo en casa.

Capítulo 2 1

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