—Señor Ortega, su esposa ya preparó la cena en casa...
El asistente se le acercó con respeto, pero Romeo lo interrumpió sin dejarlo terminar:
—Antes de ir a casa, necesito ir a ver a alguien a solas.
Dicho eso, Romeo sacó su celular, buscó un número entre sus contactos y marcó.
En ese mismo momento, Amaya apenas acababa de darse un festín de comida casera en compañía de Sofía.
Era la primera vez, en todo su año de embarazo y posparto, que volvía a comer algo con tanto sabor. Estaba tan rico que se le hizo agua la boca.
Aunque Sofía solo había echado una pizca de chile pensando en la lactancia, Amaya sintió un poco de culpa por Reni después de comer.
Estaba reprochándose por no haberse aguantado las ganas, cuando de repente le sonó el celular.
Al ver que en la pantalla aparecía el nombre «Romeo», Amaya se quedó paralizada.
¿Qué no se suponía que Romeo estaba en Aquilinia trabajando en un proyecto secreto?
¿Por qué la llamaba así de la nada?
Llenó de sospechas, contestó la llamada:
—Bueno, ¿señor Ortega?
Una voz tranquila y agradable respondió:
—Soy yo, Amaya. Ahorita estoy en Solsepia, ¿estás disponible para que nos veamos?
Amaya sintió un vuelco en el corazón y, poniéndose a la defensiva, le preguntó:
—¿Y para qué nos tendríamos que ver?
—Quiero platicar contigo sobre las tendencias en internet —respondió Romeo, sin que su tono revelara emoción alguna.
Amaya entrecerró los ojos. Su instinto le decía que Romeo seguramente había vuelto para reclamarle y defender el honor de Vera.
No podía creer que un simple chisme en redes fuera suficiente para que él dejara botado un proyecto tan importante y regresara de inmediato para darle la cara a la esposa.
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