—¡Hermano! ¡Pronto volverás a ser el soltero de oro! ¡No seas tímido, ven!
—¡Exacto! ¡El ambiente está increíble! ¡Todos están súper relajados! Si te unes, te aseguro que la fiesta entera va a estallar.
—¡Ve al vestidor a cambiarte! ¡Míralos tú mismo! ¡Camilo y Axel están en traje de baño!
—¡Si te quedas de traje y corbata vas a parecer un bicho raro! ¡Ve a cambiarte!
Vera y Melina ya llevaban bastantes copas encima. Bajo el estruendo de la música electrónica, lo bombardearon a palabras y, sin aceptar un «no» por respuesta, lo empujaron dentro del vestidor.
Diego alcanzó a ver a Camilo y a Axel sentados entre la multitud. Efectivamente, ambos estaban con el torso desnudo. Cerró los ojos con resignación... Ni modo, a donde fueres, haz lo que vieres.
Traje de baño será.
Si Axel, con su físico común, no tenía vergüenza, él menos.
Tras unos minutos de autoconvencimiento, Diego se puso el bañador.
Al abrir la puerta del vestidor en el segundo piso y observar el desenfreno de la fiesta allá abajo, una pesada punzada de culpa lo invadió.
Su exsuegra acababa de ser arrestada y Reni estaba gravemente enferma... Definitivamente no era el mejor momento para salir de fiesta.
Si alguien le tomaba una foto y se la enviaba a Amaya, ella se volvería loca. Su odio hacia él se multiplicaría, ¿no?
Sus pies dudaron, a punto de echarse para atrás, cuando Camilo lo vio desde los grandes sofás de la planta baja y le hizo un gesto con la mano.
—¡Diego, baja! ¡Todos se enteraron de que llegaste y te están esperando!
Era la primera vez en muchísimo tiempo que Camilo lo trataba con tanta amabilidad.
Desde que comenzaron los pleitos del divorcio con Amaya, Camilo no le había vuelto a sonreír. Sus conversaciones siempre estaban llenas de sarcasmo. Jamás había sido tan cálido.

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