—¿A qué vino aquí? —preguntó Diego.
—En este lugar solo hay empresas y estudios de diseño —murmuró Julio, frunciendo el ceño—. Esto no me da buena espina...
—¿Por qué lo dices?
—Hace unos días la señora presentó su renuncia. Si viene para acá, ¿será que está buscando trabajo o piensa abrir su propio estudio?
Diego se quedó sin palabras y su expresión se ensombreció de inmediato.
Julio no se atrevió a decir nada más y un silencio tenso inundó el vehículo.
Diego encendió un cigarro y se lo fumó lentamente, sin dar muestras de querer irse o bajarse del coche.
—¿Jefe, nos asomamos a ver qué hace o nos vamos? —preguntó Julio con cautela.
—Corre la voz en el sector —ordenó Diego—. Que todos sepan que Amaya es mi esposa y ninguna empresa tiene permitido contratarla.
***
Tras cinco años trabajando de freelance, Amaya por fin conoció en persona las instalaciones del Estudio Eje, la agencia con la que llevaba tanto tiempo colaborando.
El Estudio de Arquitectura Eje era mucho más grande y lujoso de lo que había imaginado. Las oficinas eran de primer nivel: tenían una cafetería privada, una sala de descanso y entretenimiento para los empleados llena de plantas, y una terraza enorme y preciosa.
Ese ambiente laboral tan bien pensado la dejó fascinada.
Al presentarse bajo el seudónimo de «May», no tardó en ser recibida por el dueño del estudio, con quien siempre se comunicaba por internet.
Tras las presentaciones correspondientes, Amaya descubrió que el sujeto se llamaba César Ortega. Era un hombre bastante atractivo, de complexión delgada y al menos un metro ochenta de estatura.
Qué casualidad cruzarse con dos tipos guapos apellidados Ortega en un mismo día.
Apenas se sentaron en uno de los sillones de la terraza, Amaya preguntó sin pensar:
—Te apellidas Ortega... no me digas que tienes algo que ver con la familia Ortega de Solsepia.
César se quedó desconcertado un par de segundos, pero luego soltó una carcajada y lo negó: —Ojalá, pero qué va, no tengo tanta suerte.
Menos mal... Amaya sintió que el alma le regresaba al cuerpo y fue directo al grano:


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