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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 53

¿Cómo demonios sabía que ella estaba ahí?

Amaya se sorprendió bastante, pero aguantó su mirada intimidante y caminó hacia él.

Pasó por su lado ignorándolo olímpicamente, como si fuera un fantasma, e intentó abrir la puerta de su coche.

De pronto, una mano firme y cálida agarró la suya, deteniéndola antes de que pudiera jalar la manija. La voz fría y profunda del hombre resonó sobre ella:

—¿No tienes nada que explicarme?

Amaya levantó la vista y lo miró con indiferencia:

—¿Y qué te tengo que explicar?

—Quiero saber qué haces aquí y quién era ese tipo que te despidió con una sonrisita —exigió Diego.

—No es asunto tuyo —soltó Amaya, esbozando una sonrisa burlona.

Esa respuesta colmó la paciencia de Diego.

Antes de que pudiera reaccionar, él la levantó en vilo y se la echó al hombro como si fuera un costal de papas.

—¡Oye!

—¡Diego, ¿qué estás haciendo?!

—¡Suéltame!

Al darse cuenta de lo que pasaba, Amaya empezó a gritar histérica, golpeándole la espalda con los puños en un intento desesperado por soltarse.

Diego la ignoró por completo. La sujetó de las piernas con una mano como si fuera una tenaza de acero, impidiendo que pudiera liberarse.

La aventó al asiento trasero de su propio coche.

Su agarre era tan brutal que parecía estar a punto de romperle la muñeca:

—No voy a permitir que sigas con este berrinche. Nos vamos a la casa.

Las venas de la frente de Amaya se marcaron del coraje: —¡Diego, estás loco!

Él la miró directo a los ojos, reflejando cansancio en su rostro:

—No quiero pelear contigo, Ami.

Amaya sentía que estaba a punto de estallar, con la voz desgarrada de la desesperación:

—¡Te digo que me sueltes, Diego!

Pero él le inmovilizó ambas manos contra el asiento:

—No te voy a soltar. Ami, necesitamos hablar en serio.

Amaya tenía la mente clara y sabía perfectamente que ella no era la del problema.

Simplemente se había cansado de ser la esposa comprensiva, y a Diego le estaba costando digerir ese cambio de actitud.

—No tengo nada de qué hablar contigo, Diego. Ya te dije todo lo que tenía que decirte.

—Lo único que te falta hacer es aceptar mi renuncia y firmarme el divorcio.

Los ojos de Diego se volvieron de hielo: —¿Divorcio? Dame una buena razón...

Amaya apartó la mirada: —Ya no quiero seguir contigo.

Capítulo 53 1

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