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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 523

Diego se quedó boquiabierto, señalando a Eva con el dedo tembloroso.

—¿Qué? ¡Hasta tú... tú también me traicionas!

Eva entrecerró los ojos, con total tranquilidad.

—Señor, no me queda de otra. Mi hijo ya creció y se va a casar. Cuando se case, tendrán hijos, y cuando tengan hijos, yo tendré que ayudarlos a cuidarlos. Le pido que me entienda.

Eva lo pensó un segundo y aprovechó para darle la estocada final.

—En mi pueblo, todos los mayores hacemos lo mismo. Cuando los jóvenes se casan y tienen bebés, los apoyamos en todo. Ayudamos a la nuera en su recuperación del parto y le cuidamos a la criatura... Por eso, la forma en que su familia hace las cosas, a decir verdad, ni yo que soy una simple empleada la entiendo.

—Si yo tuviera una nuera tan trabajadora y capaz, la querría más que a mi propia hija. Le cuidaría al niño de mil amores para que ella pudiera trabajar sin ninguna preocupación.

Tras soltar todo eso, Eva dio media vuelta y se metió a la cocina, dejando a Diego pasmado en su lugar.

Sentado a la mesa del comedor, Diego sintió una presión en el pecho, como si alguien le hubiera clavado una flecha de hielo directo al corazón.

¿De verdad su familia era vista como unos monstruos a los ojos de los demás?

¿Hasta una mujer humilde de pueblo como Eva criticaba su forma de actuar?

Diego sintió que le faltaba el aire. De pronto, el vino que tenía enfrente le supo tan amargo que le costó tragarlo.

Especialmente aquellas cosas que Eva había soltado como si nada; esas palabras se le habían quedado atoradas en la garganta.

En los últimos años, siempre había sido Amaya quien iba tras él, aprendiendo de él cómo moverse en el mundo de los negocios.

¿Cómo es que ahora resultaba que era Amaya quien le limpiaba los desastres a escondidas?

Después de haber estado castigada por su padre, Zacarías Zaldívar, durante tres días seguidos, Zacarías la había presionado para que fuera en persona a disculparse con Romeo Ortega.

Ella se había negado rotundamente, así que su viejo le confiscó el teléfono y todos sus dispositivos, y la dejó encerrada por cuatro días más.

Durante ese tiempo no supo nada del mundo exterior ni pudo comunicarse con nadie.

Valeria casi se volvió loca, pero no quería ceder ante su padre. En su desesperación, hizo huelga de hambre, amenazó con tirarse por la ventana y hasta hizo el teatro de tragarse unas pastillas... Al final, el viejo cedió y la dejó salir.

En cuanto recuperó su teléfono, quiso contactar a Melina Muñoz y a Vera Ramos, pero lo primero que vio fue la enorme noticia que tenía a toda Solarenia en shock.

No podía creerlo. Había movido cielo y tierra para sacarlas de la cárcel, y en cuestión de días, las muy idiotas habían vuelto a caer por su propia culpa.

Y para colmo, descubrió que Amaya había conseguido pruebas clave para demostrar la inocencia de su madre y de los empleados, sacándola de prisión en menos de dos días.

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