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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 530

No podía seguir permitiendo que Diego Muñoz manejara la situación a su antojo.

La única manera de empezar una nueva vida era cortar de raíz con el infierno de ese divorcio.

La actitud actual de Diego dejaba muy en claro que no pensaba soltarla, e incluso estaba dispuesto a usar métodos sucios y sin límites para mantenerla a su lado.

Amaya hervía de rabia solo de pensarlo.

¿Conque quería alargar el divorcio, eh?

Pues bien, le haría pagar a Diego un precio mucho más alto y doloroso.

Amaya revisó de nuevo las cámaras de la sala y observó toda la secuencia de cuando Valeria Zaldívar había llegado a buscar a Diego.

Al escuchar a Valeria jurar que salvaría a Diego y lo ayudaría a salir de la crisis, una sonrisa se dibujó en los labios de Amaya.

Si Valeria estaba tan segura de poder ayudar a Diego, entonces ella jugaría su carta maestra para destruirles el plan desde adentro.

La mente de Amaya trabajaba a mil por hora, trazando su estrategia con claridad.

Prácticamente no había pegado un ojo en toda la noche. Justo cuando empezaba a amanecer e intentó cerrar los ojos un rato, su teléfono empezó a sonar.

Era un número desconocido.

Amaya contestó con pereza:

—Hola, ¿quién habla?

La chillona voz de una mujer sonó del otro lado:

—Soy Valeria Zaldívar. Anoche Diego y yo... nos acostamos.

El tono de Valeria estaba cargado de superioridad, como si acabara de ganar un trofeo y estuviera presumiendo.

Amaya planeaba ir a buscar a Valeria de todas formas, pero no esperaba que la mujer fuera tan desesperada como para llamarla a primera hora de la mañana.

Valeria era soberbia. Cuando un hombre le gustaba, no le importaba en absoluto lo que pensaran los demás ni los rumores.

Y después de haberlo tenido tan cerca la noche anterior, estaba aún más convencida de que Diego, por su estatus y su físico envidiable, era el hombre perfecto para ella.

Estaba decidida a quedárselo, y estaba segura de que era cuestión de tiempo para que Amaya quedara en la calle.

Al ver cómo Valeria trataba a Diego Muñoz como si fuera el premio mayor, regalándose de esa manera, Amaya casi no podía creerlo.

Definitivamente siempre hay un roto para un descosido.

Esa declaración de guerra tan descarada hizo reír a carcajadas a Amaya.

—¿Sabes que Diego y yo seguimos casados y aun así te enorgulleces de ser la amante?

—Me pregunto cómo reaccionaría tu padre si se entera de que pasaste la noche con un hombre casado. Dime, señorita Zaldívar, ¿quieres que lo llame y le pregunte?

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