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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 533

Al abrir la puerta, Valeria vio a Diego completamente vestido, impecable en su traje, con esa apariencia tan elegante y atractiva de siempre.

Ya totalmente libre de los efectos del alcohol, había recuperado su habitual semblante serio e imperturbable. Bajó la mirada hacia ella y dijo en tono sereno:

—Valeria, baja a desayunar, los empleados ya prepararon todo. Cuando terminemos, iremos a mi empresa para hablar de los detalles del contrato. Ya le pedí a mi asistente que le avise a todos los altos ejecutivos para que nos esperen.

Diego necesitaba desesperadamente asegurar el proyecto con el Grupo Zaldívar para consolidar su posición y prestigio dentro del Grupo Muñoz.

Por eso, a primera hora de la mañana, contactó a Julio para que tuviera listos todos los preparativos de la firma y reuniera a los directivos en la sala de juntas.

Además, ya había llamado a su padre para darle la buena noticia.

Al enterarse de que el asunto por fin avanzaba, el tono de Rubén Muñoz se había suavizado bastante.

Valeria lo miró con furia contenida:

—Hablemos del proyecto otro día. Hoy no tengo cabeza para eso, no quiero ir.

Señaló el interior de la habitación, con el ceño fruncido y una profunda molestia.

—Y mejor asegúrate de revisar tu casa; manda a alguien a buscar cámaras ocultas.

—Amaya acaba de llamarme para amenazarme. Me exigió que cancele la colaboración con ustedes y se la dé a ellos. Dijo que tiene grabaciones de nosotros anoche.

—Diego, ¡exijo que me des una explicación lógica! De lo contrario, ¡olvídate de nuestro acuerdo!

Frente a la crisis inminente, la idealización que Valeria tenía de Diego comenzó a resquebrajarse.

Estaba tan alterada que, entre más pensaba en lo ocurrido la noche anterior, más se arrepentía. Si su padre se enteraba de verdad, estaría arruinada.

Pero ceder y darle el proyecto a ese pequeño estudio de Amaya, incluso si tuvieran el capital, era algo que detestaba con cada fibra de su ser.

No soportaba la idea de dejarle una oportunidad tan valiosa en bandeja de plata. Sin embargo, en ese momento, se sentía acorralada.

Amaya sacó de su armario un elegante traje sastre gris Oxford. Las hombreras perfectamente estructuradas realzaban su figura esbelta. Debajo, llevaba una blusa de seda con un brillo frío y sofisticado, combinada con una falda blanca y zapatos de tacón en tono nude.

Se acomodó su cabello corto, que caía con precisión hasta la línea de la mandíbula, haciendo que su cuello se viera largo y delicado.

En el espejo, su expresión era serena, su maquillaje lucía limpio y natural. Seguía proyectando esa imagen profesional y competente de siempre. La única diferencia fue que, esta vez, eligió un labial de un rojo más intenso que de costumbre.

Satisfecha con su reflejo, bajó las escaleras con elegancia.

Abajo, Beatriz y Romeo estaban junto al comedor, arreglando el desayuno.

Desde lejos, Amaya pudo percibir un aroma familiar, un olor que no había sentido en mucho tiempo, pero que su memoria atesoraba.

—¿Esa es la sopa casera que vendían cerca de nuestra casa cuando éramos niños? ¡Huele delicioso!

—Así es. Fui temprano al barrio del este a comprarla. Ese local ya es todo un clásico; siempre hay una fila enorme. Apúrate y ven a...

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