Amaya se sorprendió mucho y no supo cómo reaccionar.
—¿Qué es esto?
Romeo sonrió con dulzura.
—Es tu regalo por el Día del Niño. Ya falta muy poco, ábrelo.
Amaya se quedó sin palabras.
—... Ya dejé de ser una niña hace muchos años.
Romeo replicó:
—No importa la edad, la juventud se lleva en el corazón. Apostaría a que nunca habías recibido un regalo por el Día del Niño, ¿verdad?
Amaya trató de recordar, y tenía razón.
Antes de que su padre se fuera, esa festividad no se celebraba con regalos.
Después de que su padre se fue, su madre se la pasaba trabajando sin descanso para pagar las deudas. Fuera de ir a la escuela, Amaya usaba el resto de su tiempo ayudándola con el trabajo; no había espacio para ese tipo de alegrías.
Amaya tomó la pequeña y elegante caja. Al abrirla, descubrió un collar de platino; el dije era la figura de una niña pequeña.
Esa niña... se le hacía extrañamente familiar, como si la hubiera visto antes.
Observó detenidamente el pequeño dije... y de pronto se dio cuenta: ¡era ella misma cuando era niña, con sus dos trencitas!
Romeo había encargado a un joyero que recreara su versión de niña en ese dije para regalárselo... Había sido un gesto increíblemente atento.
Amaya alzó la mirada, conmovida.
—Romeo... ¿cómo es posible que te acuerdes de cómo me veía de niña?
Romeo sacó su celular y abrió la galería.
—Mi mamá guardó unas cuantas fotos de nosotros juntos, de ti y de tu hermano, en un álbum de fotos viejo. Hace poco las vi, y como pensé que te veías tan tierna y cachetona, encargué este dije para ti.
Hubo algo más que Romeo no le dijo.
Originalmente, tenía planeado regalárselo para el Día de San Valentín.
En ese día, cualquier mujer esperaba recibir un detalle, y él supuso que Amaya también anhelaba algo en el fondo de su corazón.
Pero luego pensó que dárselo en esa fecha podría hacerla sentir comprometida o rechazarlo por la presión.
—Qué bueno que te guste —respondió Romeo—. Las charlas sentimentales podemos dejarlas para cuando tengamos más tiempo. Por ahora, te ordeno que cierres los ojos, te recargues y descanses. Vacía tu mente y concéntrate en qué clientes podremos asegurar en la cumbre de hoy.
La voz de Romeo tenía una cualidad especial que brindaba paz al instante.
Amaya obedeció y se reclinó en el asiento, cerrando los ojos lentamente.
Al instante siguiente, sintió una manta suave, con un leve aroma a pino, sobre sus hombros.
—Hoy vamos a cerrar un contrato importantísimo —afirmó Amaya.
Romeo se sorprendió.
—¿Uno importantísimo? ¿Con quién?
Amaya le relató brevemente lo sucedido la noche anterior, luego abrió los ojos y lo miró.
—Tengo a Valeria Zaldívar contra la pared, y seguro va a ceder. Pero si nos asociamos con el Grupo Zaldívar para este proyecto, necesitaremos una fuerte inversión de capital. ¿Estás de acuerdo?
Romeo asintió.
—Mi equipo ya investigó a fondo ese proyecto y, la verdad, es excelente. Además, tiene respaldo gubernamental. Si de verdad logras conseguirlo, claro que lo invertimos; yo me encargo de los fondos.

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