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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 540

Romeo miró a Amaya:

—Sé que este proyecto te interesa mucho. Mientras tú quieras intentarlo, yo te apoyo incondicionalmente.

Amaya apretó los labios con suavidad:

—Qué alivio. Temía que te molestara que tomara decisiones tan grandes sin consultarte primero.

Romeo, por el contrario, soltó una carcajada.

—Para nada. Confío plenamente en tu visión y en tus capacidades.

La sensación de ser respaldada y gozar de plena confianza era inigualable.

Amaya sintió un ligero pero profundo alivio en el pecho y, sonriendo, cerró los ojos nuevamente.

Veinte minutos después, llegaron al lugar del evento.

Amaya y Romeo bajaron del vehículo y se dirigieron directamente al recinto principal de la cumbre.

Solarenia se encontraba en pleno desarrollo inmobiliario, con proyectos de construcción brotando por todas partes. Por lo tanto, casi todas las empresas inmobiliarias y de construcción del país, grandes y pequeñas, estaban ahí reunidas.

Romeo ya gozaba de un prestigio sobresaliente en el ámbito del diseño, y Amaya, trabajando para el Estudio Eje, también había entregado diseños impecables recientemente.

Por eso, nada más entrar, un sinfín de desarrolladoras se acercaron con la intención de trabajar con ellos.

El hecho de que esas tres empresas hubieran roto sus contratos no los perjudicó en lo absoluto. Al contrario, les dio más margen de tiempo y libertad para elegir proyectos de mayor calidad y relevancia.

Allí, entre la multitud, se encontraron con el señor Navarro, el padre biológico de Vera.

Para sorpresa de Amaya, el señor Navarro había perdido toda su arrogancia previa. Ahora se acercaba con actitud servil para estrechar sus manos.

La noticia de que Vera había pisado la comisaría por segunda vez después de la fiesta ya era el chisme del momento.

Si antes el señor Navarro se había sentido orgulloso de recuperar a su "hija biológica", ahora la consideraba una desgracia y una vergüenza pública.

Había sido por culpa de Vera que, en un arrebato de ira, él había incitado a las otras dos empresas a romper sus acuerdos.

El señor Navarro quería insistir, pero rápidamente, varios ejecutivos de otras ciudades rodearon a Romeo y a Amaya, dejándolo completamente ignorado.

Ver cómo el mercado avalaba a su estudio y respetaba la calidad de su diseño hizo que Amaya suspirara aliviada.

El equipo de diseño que ella formó durante sus años en el Grupo Muñoz la había seguido incondicionalmente, y todos habían alcanzado una madurez excepcional; cualquiera de ellos podía manejar proyectos grandes por su cuenta.

Amaya quería aprovechar la cumbre para cerrar múltiples acuerdos y brindarles a sus diseñadores las oportunidades que merecían.

En cuanto al señor Navarro... tanto Amaya como Romeo estaban de acuerdo: ninguno de los dos creía en dar segundas oportunidades a quienes los habían traicionado. Le habían seguido el juego por pura cortesía, pero de colaborar de nuevo, ni hablar.

No iban a aceptar acuerdos de alguien que primero los abofeteaba y después les rogaba piedad.

Amaya estuvo ocupadísima en la cumbre, yendo de un lado a otro como un trompo, negociando sin parar.

Tras asegurar con éxito varios contratos con nuevos clientes, se dio la vuelta, exhausta, dispuesta a ir a la zona de bocadillos a buscar algo de comer y beber.

Pero, por puro accidente, al girar, captó entre el mar de gente una figura alta y sombría...

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