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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 58

Diego notó que algo andaba mal y, asustado, se acercó de inmediato para agarrarla por los hombros:

—Vera, ¿qué tienes? Te lo he dicho muchas veces, de niña te operaron del corazón, no puedes alterarte así... ¡Ándale, respira hondo!

Ella respiró hondo con todas sus fuerzas, pero se quedó sin energías y terminó desplomándose en los brazos de Diego.

Diego se tensó de golpe. Sabía que eso no estaba bien e instintivamente quiso empujarla, pero al verle la cara de dolor, simplemente no tuvo el corazón para apartarla.

Vera se aferró a su cintura, temblando de pies a cabeza:

—Diego, te lo juro que no me quiero volver a separar de ti. Estos cinco años en el extranjero... no tienes idea del infierno que viví.

»Ahora me doy cuenta de que nadie me trata tan bien como tú. Si no hubiera sido por ti, no sé cómo habría sobrevivido a los meses del embarazo y del parto.

Diego sintió una punzada de lástima y se quedó sin saber qué contestar al escucharla.

Todavía se acordaba muy bien de lo frágil y desamparada que se veía Vera cuando su tía la adoptó del orfanato.

Su historia era muy triste. Nació con un problema en el corazón y sus papás biológicos la abandonaron en la calle, hasta que un orfanato la recogió.

Sonia Ponce, su tía materna, fue al orfanato a hacer obras de caridad, y al ver que la niña estaba a punto de morir, se conmovió tanto que decidió adoptarla y le pagó la operación.

Sin embargo, después de que Vera se recuperara, la relación entre su tía y su esposo se fue a pique. Se la pasaban sin hablarse, peleando a cada rato y hasta llegaban a los golpes cuando las cosas se ponían feas. Al final, fue él quien, al ver lo mucho que sufría la niña en ese ambiente, le pidió a Josefa que la llevaran a vivir con la familia Muñoz.

Cuando Vera llegó, estaba flaquita, diminuta. Su carita ni siquiera abarcaba la palma de su mano.

Había sido él quien, con toda la paciencia del mundo, le daba de comer hasta que logró que ganara peso.

También fue él quien le enseñó a contar, a leer, quien la llevaba a hacer amiguitos y quien estuvo al pendiente de ella todo el tiempo. Poco a poco la crio, pasando de ser una cosita frágil hasta convertirse en la hermosa mujer que era ahora.

La quería como a una verdadera hermana, e incluso había jurado que la cuidaría y la protegería toda la vida.

Pero, por Dios, nunca había sentido nada romántico por ella.

Capítulo 58 1

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