Josefa se dio cuenta de que había hablado de más y se tapó la boca por instinto:
—Na... nada. Estaba muy enojada y hablé por hablar.
Diego estaba a punto de insistir cuando, justo en ese momento, le entró una llamada:
—Señor, ya investigué la foto que me mandó. Es originario de Aquilinia. Llegó a Solarenia hace un mes y su trabajo en el extranjero es el de asesor de seguridad internacional.
La atención de Diego fue captada al instante por la noticia. Su voz se volvió profunda:
—¿Seguridad?
—¿Que no la familia de Camilo se dedica a la industria de la seguridad? ¡Y además la sede principal de su empresa está en Aquilinia!
Julio se quedó callado un segundo en la línea antes de agregar:
—Pero de momento no hay pruebas que vinculen a esa persona con el señor Torres.
—¡No hace falta que lo vincules! ¡Es obvio que él le puso guardaespaldas a Amaya!
—Con todo el sistema de seguridad global que maneja la familia Torres, ¡provocar un par de incendios es juego de niños para ellos!
Diego sacó su propia conclusión al instante. En ese momento, lo único que le vino a la mente fue la cara de cinismo de Camilo.
Sin esperar a que Julio respondiera, murmuró entre dientes:
—¡Quién lo diría! ¡Jamás pensé que Camilo protegería tanto a Amaya!
Diego colgó la llamada, con la mirada echando chispas de la furia.
Josefa le jaló la manga de inmediato:
—Mijo, ¿qué quisiste decir ahorita? ¿Estás diciendo que Camilo y Amaya se traen algo?
Josefa sacudió la cabeza como loca.
—No, no, no. Eso es imposible. A ese muchacho lo conozco desde que era un niño, ¿cómo le va a gustar una vieja tan poco femenina como Amaya?
Diego soltó una risa sarcástica:
—¿Acaso estás dudando del buen gusto de tu hijo?
Josefa se quedó muda ante tal respuesta.
Diego pisó el acelerador a fondo:
—El encanto de Amaya es algo que alguien de otra época como tú no entendería. Ella...
—¡Qué rico sabe, Ami! ¡Qué suerte la mía de que me estés dando caldo en la boca con tus propias manos! ¡Está para morirse de lo bueno!
A pesar de sus heridas, Sofía mantenía un excelente ánimo. Conmovida, abrió los brazos y abrazó a Amaya.
Amaya se asustó un poco:
—No te muevas así, todavía tienes varias heridas sin sanar. Pórtate bien y come más, quiero que te recuperes pronto.
Sofía asintió con una sonrisa. Al ver que Amaya tenía los ojos llorosos, se apresuró a calmarla:
—Ami, no te pongas así, no pasa nada. Estoy entera, estos rasguños no me van a detener.
—Además, de chiquita yo era bajita y muy dejada, cada vez que me hacían bullying en la escuela eras tú la que se aventaba a defenderme. Tú te ganaste quién sabe cuántos golpes por mí. Ahora que yo me llevé unos por ti, ya estamos a mano.
Amaya por fin soltó una carcajada entre lágrimas, sintiéndose un poco mejor.
—Sí. Oye, cuando viste las noticias del doble incendio anoche, ¿no sentiste una satisfacción?
Sofía asintió, aunque su mirada reflejaba algo de preocupación:
—Las vi. Pero, Ami, si haces estas cosas me da miedo de que te metas en un broncón. Qué tal si la familia Muñoz y la familia Ramos se lanzan contra ti al mismo tiempo...

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