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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 100

—Jimena, ¿qué haces tú aquí? —preguntó Daniel, visiblemente sorprendido al verla bajar las escaleras.

Ella había salido de la oficina antes que él, con tanta prisa que él asumió que tenía alguna emergencia personal. Jamás imaginó que el destino de su asistente fuera la Casona Jara.

Jimena no se inmutó. Conocía a casi todos los presentes, excepto al padre de su jefe, por lo que no mostró la menor señal de nerviosismo. De hecho, esta era la oportunidad perfecta para causar una buena impresión en Héctor Jara.

Bajó los escalones con una postura impecable y una sonrisa amable. Saludó a cada uno con cortesía antes de detenerse frente al patriarca y mirarlo con profundo respeto.

—Buenas noches, señor Jara. Es un honor conocerlo. Soy alumna del profesor Jara, mi nombre es Jimena Sosa. Actualmente trabajo en su empresa.

Héctor, por supuesto, había escuchado ese nombre antes. Lo había oído de boca de Enzo, de su esposa, de su hija, e incluso de su nieto Mateo.

Y cada vez que alguien la mencionaba, era para deshacerse en elogios.

Tenerla por fin frente a frente solo confirmó lo que había escuchado. Era una mujer atractiva, con modales refinados y una presencia elegante. Sumado a eso, tenía un excelente currículum académico y era la mano derecha de su hijo en los negocios. Y lo más impresionante: venía de un entorno humilde y había escalado posiciones a base de puro mérito y esfuerzo.

Para un hombre con la mentalidad de Héctor, alguien como Jimena era el ideal de perfección.

—El honor es mío —respondió Héctor con una sonrisa de aprobación—. Mi familia no deja de hablar de ti. Eres una profesional excelente y un verdadero ejemplo de superación.

Jimena bajó la mirada con falsa modestia y negó con la cabeza.

—El profesor Jara es quien realmente es excepcional. Aún me queda muchísimo que aprender de él, y prometo seguir esforzándome.

El problema de la naturaleza humana es que es inevitable hacer comparaciones. Al ver a la brillante y educada Jimena de pie en su sala, y luego pensar en la inútil e irrespetuosa de Gabriela, los ojos de Héctor se suavizaron aún más hacia la invitada.

Fue entonces cuando Enzo reparó en la bandeja que Jimena llevaba en las manos y en los platos vacíos. Y como un relámpago, la imagen de Gabriela volvió a su mente.

—Jimena... ¿por qué viniste hoy? —preguntó Enzo, el tono de su voz revelando una ligera confusión.

Ante la pregunta, las manos de Jimena se aferraron con fuerza a los bordes de la bandeja.

—Yo...

—¡Fui yo quien la invitó! —interrumpió Valentina, dando un paso al frente sin una pizca de arrepentimiento—. A Mateo le encanta estar con ella, así que la llamé para que viniera a verlo.

Enzo frunció el ceño con fuerza. Sentía el impulso de reprender a su hermana por tomarse esas libertades, pero con Daniel y sus padres ahí presentes, hacerlo sería humillar a Jimena públicamente. Al final, se guardó el regaño y apretó los labios.

De pronto, todo encajó en su cabeza. *¿Gabriela se fue furiosa porque vio a Jimena aquí?*

Al llegar a esa conclusión, la ansiedad y la sensación de pérdida de control que lo habían estado atormentando se disiparon casi por completo.

Así que era eso. La mujer de siempre. Celosa, irracional, haciendo rabietas sin importarle el lugar ni el momento.

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