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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 115

Al día siguiente, Gabriela llegó puntualmente al resort costero, siguiendo la dirección que Rocco le había enviado.

—Directora, ya llegamos, ¿verdad? —Desde el asiento del pasajero, Clara Vega miraba el impresionante paisaje del resort a través de la ventana, aunque no parecía particularmente emocionada.

Así es, Gabriela había arrastrado a Clara con ella.

De todas formas, ella iba a pagar todo, así que llevar a una persona más no hacía ninguna diferencia.

La razón principal era que no soportaba la idea de estar a solas con Rocco. Eso la haría sentir sumamente incómoda.

Como había pasado los últimos años dedicada exclusivamente a su hogar, casi no tenía amigas. Originalmente pensó en invitar a Sofía Paredes, pero la chica estaba en su último año de preparatoria y tenía que tomar clases de regularización el fin de semana. Tras darle muchas vueltas, decidió invitar a Clara.

Tenían una edad similar, trabajaban juntas en el Instituto y compartían temas de conversación. Además, Clara se había pasado las últimas noches en vela trabajando junto a ella, y claramente necesitaba un descanso.

—Directora, he escuchado a los investigadores del Instituto hablar de este lugar. Dicen que es carísimo, exclusivo para millonarios. Nosotros, los simples mortales, no tenemos ni derecho a pisarlo. —Clara observó el lujo exorbitante del complejo y negó con la cabeza, chasqueando la lengua—. Producto del capitalismo salvaje.

—Así es. Malditos capitalistas —le dio la razón Gabriela, mientras en su mente aparecía el rostro frío e inexpresivo de Rocco.

¡Malditos capitalistas! ¡Maldito Rocco Salinas!

—Directora, es fin de semana. ¿De verdad tenemos que perder el tiempo en un lugar como este? Mejor regresemos al Instituto, tengo mil dudas que quiero consultarle. —Clara miró a Gabriela con ojos de súplica.

Gabriela notó el ceño fruncido de la chica y las profundas ojeras bajo sus ojos. Negó suavemente con la cabeza.

—Clara, estás demasiado estresada. Un cerebro sobrecargado trabaja más lento. Necesitas relajarte.

Hasta una esponja llega a un punto en el que no puede absorber más agua. Últimamente, el cerebro de Clara había sido esa esponja: ya estaba lleno y necesitaba exprimirse.

Clara entendía la lógica y sabía que Gabriela lo hacía por su bien. Suspiró y asintió.

—Lo entiendo, directora.

Gabriela sonrió levemente.

—Hoy es fin de semana y vinimos a divertirnos. Tenemos casi la misma edad, así que durante estos dos días, nada de llamarme directora.

—¿Entonces cómo le digo?

—Yo te diré Clara, y tú me dirás Gabi. —Gabriela extendió la mano y le acomodó un mechón de cabello rebelde a la chica.

Clara parpadeó, sorprendida.

—Directora... digo, Gabi. Tenemos casi la misma edad, pero tu nivel de madurez es impresionante. ¿Cómo le haces para ser tan brillante y a la vez tener tanta paz mental? A veces siento que no eres de este planeta... eh, lo digo como un cumplido, no te ofendas.

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