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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 114

—Ese es exactamente el problema —suspiró Enzo, volviendo a masajearse las sienes.

Aunque no tenía ni idea de qué había pasado para que Lorenzo Paredes cambiara de actitud tan radicalmente, ya no había vuelta atrás.

Solo podía seguir adelante y encontrar una solución.

—Daniel y yo ya estamos moviendo hilos para conseguir acreditaciones de acceso a la conferencia antes del próximo viernes.

—Todo es culpa mía por ser tan inútil. No puedo ayudarlo en nada, profesor —dijo Jimena, bajando la cabeza con voz ahogada.

La mirada de Enzo se tornó increíblemente tierna. Levantó la mano y acarició el cabello de la chica con indulgencia.

—¿Cómo puedes decir eso? Eres mi mano derecha. Hay infinidad de asuntos de los que te encargas por mí. De hecho, para el viaje de mañana, Daniel y yo solo reservamos el hotel. La organización de las actividades y la logística dependerá de ti. Jimena, tenerte a mi lado es una verdadera suerte.

Las pestañas de la mujer temblaron levemente mientras disfrutaba del calor de la mano del hombre sobre su cabeza. Levantó el rostro, con los ojos brillando intensamente.

—Profesor Enzo, haberlo conocido y poder estar a su lado, es mi mayor bendición.

...

Después de entregar el acta de divorcio, Gabriela regresó a su casa en el Residencial Cumbres de Jade.

Llevaba un buen rato sentada en el jardín, mirando la luna, inmersa en sus pensamientos.

Su mente era un torbellino. Pensaba en Enzo, en el pequeño Mateo, en la familia que había tratado de mantener unida durante siete años, y finalmente, pensaba en sí misma.

Ahora que el polvo se había asentado y podía pensar con frialdad, no podía negar que sentía tristeza.

Después de todo, hubo un momento en su vida en el que realmente quiso envejecer al lado de Enzo.

Lo había considerado su gran amor, el compañero de su vida. Sabía que el matrimonio exigía sacrificios, y ella estuvo dispuesta a ser quien sacrificara todo.

Pero Enzo parecía estar ciego ante sus esfuerzos. O peor aún, simplemente no quería verlos. Porque, para él, la mera existencia de Gabriela era una mancha. Un error vergonzoso que jamás presentaría en sociedad.

Ahora se daba cuenta: lo suyo había sido un error desde el primer día.

Por eso, tomó una decisión clara: no iba a odiarlo. El odio solo la mantendría encadenada al pasado, y ella elegía soltarlo.

Soltar a Enzo, soltar todo lo que tuviera que ver con él. Solo dejando ir a ese hombre podría trazar su propio destino.

En ese instante, su teléfono sonó. En la pantalla parpadeó el nombre de Rocco Salinas, en el peor momento posible.

Gabriela no tenía la más mínima intención de contestarle a ese hombre, pero recordando que le debía la vida, terminó aceptando la llamada.

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