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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 130

Enzo no era capaz de articular palabra. Condujo a Jimena, que aún temblaba violentamente, hacia uno de los sillones del vestíbulo y la depositó allí con absoluto cuidado.

—Enzo, te estoy hablando a ti. ¡¿Tienes idea de que todo internet ya sabe lo que pasó?! ¡¿Quién diablos se murió?! ¡¿Y quiénes son los tres heridos graves?! —Lejos de preocuparse por el bienestar de Jimena, a Daniel le urgía saber qué cabezas habían rodado.

¡Todos los asistentes al viaje eran piezas invaluables de Tecnologías Heraldo! Cualquiera que hubiera resultado perjudicado, representaría un golpe devastador para la empresa.

Al oír esas preguntas, la expresión de Enzo se congeló. Su mirada se enturbió, y apretó los labios hasta convertirlos en una fina línea, totalmente incapaz de responder.

Fue entonces cuando los paramédicos atravesaron las puertas del vestíbulo empujando las camillas con los tres heridos en estado crítico.

Todos estaban profundamente inconscientes. Era evidente que a dos de ellos se les habían destrozado brazos y piernas. El tercero era un socorrista, que había quedado al borde de la muerte al intentar salvar a los otros dos.

Al verlos, la sangre desapareció del rostro de Daniel.

¡Los dos hombres con las extremidades fracturadas eran sus ingenieros técnicos más brillantes!

Con semejantes destrozos, aunque los cirujanos hicieran milagros, jamás volverían a realizar tareas de alta precisión. A efectos prácticos, sus carreras estaban acabadas.

Daniel se acercó para inspeccionar a los heridos uno por uno. Agarró por el brazo al hombre de gafas, que estaba petrificado a un lado.

—¡¿Quién se murió?!

El sujeto reaccionó con lentitud. Al reconocer a Daniel, estalló en un llanto histérico:

—¡Fue el subdirector Cortés! ¡Cayó por la borda...!

Las piernas de Daniel estuvieron a punto de fallarle al escuchar aquello.

Jamás imaginó que la víctima mortal sería su hombre de mayor confianza. Si Jimena era la mano derecha de Enzo, Javier Cortés era la suya.

Cuando él no estaba, era Javier Cortés quien tomaba las riendas de todas las operaciones comerciales de la empresa.

¡Prácticamente el setenta por ciento de la cartera de clientes de élite había sido negociada por el propio Cortés!

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