El hombre de anteojos frunció el ceño, con el rostro cargado de repulsión hacia Gabriela.
—Esa mujer sí que está obsesionada. ¿Conseguir trabajo de conserje aquí adentro solo para acosar al Director Jara? ¿Cómo están haciendo los filtros de seguridad que dejan pasar a cualquiera? Si llega a causar un alboroto durante la conferencia, ¿qué vamos a hacer?
Por los ojos de Jimena pasó un rápido destello de desprecio, como pensando *Lo sabía*, y luego miró a Enzo con falsa inquietud.
—Profesor Jara... Gabriela, ella...
Dejó la frase en el aire, pero el tono insinuaba todo lo necesario.
Enzo tenía el rostro ensombrecido por la furia.
Los berrinches que Gabriela hacía en el pasado eran pasables, pero hacerlo en un evento público tan importante, una conferencia de ese nivel que definiría el futuro de Tecnologías Heraldo, era el colmo.
Si ella llegaba a cometer alguna locura impulsada por sus vulgares celos y arruinaba todo, ¡jamás se lo perdonaría!
Al llegar a la entrada principal del auditorio, ya casi no quedaba gente en la fila del último control de seguridad.
Como el tiempo apremiaba, Enzo no se molestó en buscar a Gabriela y se apresuró a pasar el filtro final junto con su equipo.
Una vez dentro del recinto, miró nerviosamente a su alrededor, buscándola.
Le aterraba que Gabriela armara un escándalo ahí mismo.
Le había costado sangre, sudor y lágrimas conseguir esa invitación. No quería que lo echaran a patadas antes siquiera de poder ver a la persona que decidiría su futuro: el Director del centro de investigación.
Tampoco quería quedar en ridículo frente a sus propios empleados.
Al pensar que Gabriela estaba ahí trabajando como personal de limpieza, apretó los puños con fuerza.
*Gabriela, ¿es que tu único propósito en la vida es humillarme?*

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