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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 145

Mientras hablaba, hizo una leve reverencia de respeto y extendió la mano, esperando que el gran maestro se la estrechara.

Don Antonio, sin moverse de su silla, miró la mano tendida y luego repasó a Enzo de arriba abajo.

Después, clavó la mirada en Jimena, que estaba de pie junto a él.

Al notar que el profesor la observaba, Jimena se sintió profundamente halagada. Imitando el gesto de Enzo, hizo una reverencia.

—Don Antonio, es un inmenso placer. Soy Jimena Sosa, de Tecnologías Heraldo. Para mí, usted es un faro de luz en el campo científico, lo admiro muchísimo.

Tras esas palabras, también extendió su mano hacia él.

Su corazón latía a mil por hora, sintiéndose triunfante al pensar que sería la primera en darle la mano a tan prestigiosa eminencia ese día.

Sin embargo, Don Antonio se limitó a lanzarles una mirada gélida. Dejó las manos de ambos suspendidas en el aire, sin hacer el menor amago de responder al saludo.

—Vámonos, la conferencia ya va a empezar —le ordenó en tono seco al asistente que empujaba su silla.

El hombre asintió y pasó justo por el medio de Enzo y Jimena.

En todo ese tiempo, el anciano no les dirigió ni media palabra, ni les regaló un segundo vistazo.

Enseguida, otro grupo de personas se acercó para saludarlo efusivamente.

A diferencia del trato de hielo que les había dado a ellos, Don Antonio conversó con los recién llegados de forma sumamente amable y cortés.

Semejante contraste fue un golpe duro que ni Enzo ni Jimena pudieron ignorar.

Con caras largas y la dignidad por los suelos, retiraron las manos que habían dejado estiradas, viendo cómo el profesor repartía sonrisas a los demás.

En ese preciso instante, Rocco Salinas pasó a su lado.

Enzo se tragó su orgullo y se preparó para darle las gracias al magnate.

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