—Profesor... —murmuró Jimena, mirando a Enzo con los ojos húmedos. No comprendía por qué Rocco la había tratado así. ¿Acaso no se daba cuenta del tremendo chisme que provocaría con esa frase?
Y peor aún, en un evento público tan formal, lleno de titanes de la industria.
Enzo tampoco estaba de buen humor. Primero Don Antonio y ahora Rocco lo trataban como si fuera basura.
Por muy despistado que fuera, sabía que algo se estaba moviendo a sus espaldas, algo perjudicial de lo que él no tenía ni idea.
Porque, si no, ¿por qué lo atacarían dos hombres con los que nunca había tenido ningún roce?
Primero Lorenzo Paredes, y ahora Rocco Salinas y el Académico Aranda...
Enzo se rompió la cabeza tratando de adivinar qué demonios había hecho para ganarse el desprecio simultáneo de los tres.
Lo más incomprensible era la actitud de Rocco: lo trataba con frialdad, pero al mismo tiempo le había facilitado el acceso a la conferencia.
Era algo sumamente ilógico...
No obstante, al ver a Jimena al borde del llanto, Enzo suavizó la voz para consolarla.
—Tranquila, no pasa nada. Seguramente el Director Paredes se hizo alguna idea equivocada sobre nosotros y eso terminó influyendo en la opinión de Don Antonio y de Rocco. Hoy, cuando veamos a Lorenzo, le aclararemos el malentendido y asunto arreglado.
Era la única explicación que le encontraba; no había otra razón para que esos dos hombres se ensañaran con él apenas poner un pie ahí.
Jimena tragó grueso, reprimiendo sus agravios, y asintió.
—Pero, viendo cómo nos trató Don Antonio, ¿significa que Tecnologías Heraldo ya no tiene oportunidad en la licitación?
—De ninguna manera —negó Enzo de forma tajante—. Es una licitación abierta, así que habrá autoridades gubernamentales supervisándola. Todo será transparente e imparcial, no habrá tratos bajo la mesa. El Instituto de Investigación Aranda no se prestaría a algo así.
Jimena no volvió a replicar, aunque seguía sintiendo un nudo en el estómago, sobre todo por las miradas juzgadoras que, de forma más o menos disimulada, seguían recayendo sobre ella.
La conferencia estaba a punto de iniciar. Después de saludar a Don Antonio y a Rocco, los invitados comenzaron a tomar asiento.

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