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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 28

No le dio muchas vueltas al paradero de la empleada. Tenía demasiadas cosas en la cabeza con la mudanza, y el camión de la empresa de transporte ya estaba estacionado afuera.

Después de tantos años viviendo en esa casa, a la hora de marcharse, descubrió que en realidad no quería llevarse casi nada.

Aparte de su ropa de uso diario y algunos objetos personales, solo se estaba llevando los libros de su estudio y el contenido de tres cajones enteros llenos de sus manuscritos.

En total, empacó apenas unas cuantas cajas grandes.

Los de la mudanza vieron las cajas y se quedaron atónitos.

—¿Eso es todo lo que se lleva?

—Sí, por favor súbanlas al camión, gracias —El resto de las cosas, ya no le importaban.

Los trabajadores no hicieron más preguntas. Ya habían acordado el precio de antemano, así que estaban más que contentos de tener tan poco que cargar.

Cuando llegó a la casa que su compañero Lorenzo Paredes le había conseguido, Gabriela se quedó boquiabierta.

Pensaba que Lorenzo la acomodaría en las habitaciones del centro de investigación, o que le rentaría algún pequeño departamento en los alrededores.

¡Pero jamás se imaginó que la llevaría a una enorme mansión!

Al principio pensó que tendría que compartirla con otras personas, pero en cuanto metió sus cosas, se dio cuenta de que toda la residencia era solo para ella.

Al descubrirlo, sacó el celular y llamó inmediatamente a Lorenzo para pedirle explicaciones.

—Las habitaciones del centro están llenas, no me quedó otra opción que buscarte un lugar de emergencia —explicó Lorenzo con total naturalidad al otro lado de la línea.

—Pudiste haber buscado cualquier cosa sencilla, no tenías por qué hacer un gasto tan enorme.

—Nada es demasiado costoso para nuestra nueva directora de desarrollo —dijo Lorenzo con una sonrisa llena de orgullo. Y como si adivinara lo que Gabriela iba a responder, añadió rápidamente—: Además, no tuve que pagar alquiler. Es de un amigo de Don Antonio Aranda. La casa estaba vacía y sin usarse, así que te la prestó temporalmente. No me costó ni un centavo.

—Pero...

—Nada de peros, instálate y ponte cómoda. Si necesitas algo o tienes algún problema, solo llámame. Bien, te dejo, estoy trabajando.

Y sin darle tiempo a responder, Lorenzo le colgó el teléfono.

Gabriela levantó la vista para contemplar la imponente residencia de tres pisos, luego miró las pocas cajas y maletas a su alrededor. Solo pudo suspirar, resignada.

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